martes, 20 de septiembre de 2016

EL NUEVO CIRCO DE CARACAS


(Por: Rafael Dupouy Gómez)
  

 El Nuevo Circo de Caracas. (Archivo Hnos. Dupouy Gómez).

El Nuevo Circo de Caracas, fue inaugurado, el 26 de enero de 1919 por el General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, quien gozaba de una gran afición taurina. La obra fue encomendada a los arquitectos: Alejandro Chataing y Luis Muñoz Tébar. El coso taurino caraqueño fue ideado por el General Eduardo G. Mancera, quien constituyó un Sindicato para su construcción, en los terrenos del antiguo Matadero Municipal de la ciudad.

En la corrida de su inauguración, actuaron los diestros españoles, Serafín Vigiola “Torquito I” y Alejandro Sáez “Alé”. A pesar de la buena concurrencia de los aficionados no hubo el éxito artístico esperado; sin embargo, el diestro Serafín Vigiola “Torquito I”, logró una gran faena, cortándole una oreja al quinto toro en la tarde inaugural. El ganado presentó algunas dificultades a los diestros para el lucimiento.

Las crónicas taurinas de la época reseñaron con lujo de detalles el gran acontecimiento taurino que significó la inauguración en Caracas de su nueva y cómoda plaza de toros. El Diario “El Universal” del 26 de enero de 1919, señaló lo siguiente:

“Hoy se inaugurará el Nuevo Circo de Caracas. Los antiguos terrenos del Matadero se han convertido por un milagro de ingeniería en un edificio colosal, destinado para espectáculos, gracias a la cesión que hizo el Municipio y a la tesonera actividad del General Eduardo G. Mancera. Nunca en materia de arquitectura, se había llevado a la práctica un proyecto de tanta magnitud. Aparte la belleza de construcción, el Nuevo Circo tiene, como todas las obras del doctor Alejandro Chataing, una gran solidez, condición indispensable para contener más de doce mil espectadores.

Un dato interesante es que en la obra toda, que es de cemento armado, se ha empleado exclusivamente cemento nacional, con pruebas de resistencia completamente satisfactorias. El costo del Nuevo Circo de Caracas puede ser aproximadamente calculado en Bs. 1.200.000 y en opinión de los técnicos la obra representa ampliamente la inversión de la Compañía.

En la mañana de ayer la Junta Directiva de la Compañía Anónima Nuevo Circo de Caracas hizo entrega de las llaves del edificio al Sindicato Unión y con tal motivo fue realizado un brindis en la mayor cordialidad. El doctor García Chirinos y el señor Capriles hicieron uso de la palabra y el General Mancera contestó en una breve improvisación los elogios tributados, declinando, como de justicia, el mérito del éxito en la causa fundamental de la Paz, que asegura la obra del General Juan Vicente Gómez, la inteligente actuación administrativa del Doctor V. Márquez Bustillos y la eficaz y progresista gobernación del General Juan C. Gómez en el Distrito Federal. A este tributo merecido añadió el orador un saludo a la prensa y un voto cordial de bien para todos los presentes. El acto tuvo así un ambiente simpático y la alegría corrió con el champagne en el bautizo del nuevo edificio”.


LA GRAN AFICIÓN TAURINA CARAQUEÑA

En Caracas era tal la afición taurina, que un día se programaron tres corridas de toros en veinticuatro horas. El sábado 8 de marzo de 1919, a las cuatro de la tarde se celebró una corrida en el Circo Metropolitano de Caracas con la participación de los diestros Julián Sáinz “Saleri II” y Gabriel Hernández “Posadero” en corrida homenaje al Gral. Juan Vicente Gómez con reses criollas de Mariara. El mismo sábado por la noche en el Nuevo Circo de Caracas torearon Domingo González Dominguín y Francisco Martín Vázquez, y el domingo por la tarde lidió en solitario cuatro toros de la ganadería del Gral. Gómez el diestro Saleri II, que ejecutó faenas de gran calidad y variedad siendo fuertemente ovacionado.

¡TOROS EN EL NUEVO CIRCO!


El histórico Nuevo Circo de Caracas sin celebrar corridas de toros desde 1997.

En el Nuevo Circo caraqueño deberían volver a celebrarse las corridas de toros y otros espectáculos que sirvan para el entretenimiento, el arte y la cultura de nuestra ciudad capital.

Sobre su ruedo han desfilado las más grandes figuras del toreo nacional e internacional. Es lamentable, que mientras la creciente afición taurina en el interior de Venezuela llena las plazas de toros con gran entusiasmo del público durante sus ferias, la entrañable plaza de toros caraqueña, de tanta tradición taurina, donde rivalizaron tantas veces los diestros venezolanos Eleazar Sananes “Rubito” y Julio Mendoza, donde triunfaron el “Diamante Negro” y César Girón, permanezca desde 1997, esperando una mano amiga que la rehabilite y haga el milagro de volver a presentar espectáculos taurinos en su coso como antaño.

Rafael Dupouy Gómez

Pueden disfrutar un video sobre su histórica inauguración:





lunes, 19 de septiembre de 2016

JUAN BELMONTE: 50 ANIVERSARIO DE SU MUERTE


(Por: Rafael Dupouy Gómez)

Juan Belmonte García. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Artículo publicado el 8 de abril de 2012 con motivo del 50 Aniversario de su fallecimiento.

El 8 de abril de 2012, se cumplen 50 años de la muerte del maestro Juan Belmonte García, uno de los matadores de toros más grandes de la historia del toreo.

He querido dedicarle estas líneas como recuerdo por la gran amistad que tuvo con mi familia, muy especialmente, con mi bisabuelo, el Benemérito General Juan Vicente Gómez, quien fuera Presidente de la República de Venezuela y sus hijos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez.  

JUAN BELMONTE EN VENEZUELA

Juan Belmonte vino a Caracas (Venezuela) el 5 de marzo de 1918, después de haber desembarcado del vapor “Montserrat” en Puerto Cabello (Edo. Carabobo). A Caracas arribó en horas de la noche, siendo recibido por numeroso público que conocía su fama de gran figura del toreo.

Juan Belmonte, pasó tres meses viviendo en Maracay en casa de Alí Gómez, hijo del Gral. Juan Vicente Gómez, en ese lugar empezó la gran amistad del famoso torero con el Presidente de la República de Venezuela.

El “Pasmo de Triana” vino a Venezuela para torear cuatro corridas de toros en el Circo Metropolitano de Caracas, contratado por el empresario venezolano Eloy Pérez.

El 8 de marzo de 1918, Belmonte visitó las instalaciones donde se estaba construyendo el Nuevo Circo de Caracas que sería inaugurado, posteriormente, el 26 de enero de 1919.

Juan Belmonte debutó el 10 de marzo de 1918 en compañía del diestro sevillano Rufino San Vicente “Chiquito de Begoña” ante toros de la ganadería del Gral. Juan Vicente Gómez, de Mariara. Belmonte trajo como su peón de confianza a Manuel García López “Maera”, que, posteriormente, se haría matador de toros. Esa corrida no fue muy exitosa por la dificultad que presentó el ganado para los toreros.

El martes 19 de marzo de 1918, día de San José, Belmonte ejecutó una magnífica faena en el Circo Metropolitano de Caracas, repitiendo otra tarde triunfal el día 31 de marzo de 1918 en su beneficio, matando cuatro toros. Con él alternaron los diestros José Corzo “Corcito” y Antonio Abao “Abaíto”, lidiando un toro cada uno.

El empresario Eloy M. Pérez aprovechando el retardo del barco en el que se iba Belmonte, debido a los problemas de la Primera Guerra Mundial, le propuso a éste una última corrida a beneficio del público. Belmonte aceptó, firmando por una cantidad menor. Hubo grandes rebajas en los precios de las entradas para el público que acudió al Circo Metropolitano de Caracas para presenciar la despedida de Belmonte en Venezuela. Los aficionados que asistieron a la corrida presenciaron el buen toreo del “Pasmo de Triana”, demostrando su calidad de auténtica figura de la fiesta nacional española.

Mi abuelo Florencio Gómez Núñez, recordaba su impresión al verle torear por primera vez: “Yo lo pude ver en dos oportunidades, en dos fincas de papá, el Gral. Juan Vicente Gómez. Belmonte quería que papá lo viera torear en la finca “Casupito” (Edo. Aragua) y también en la finca “Bucarito” cerca del Central Tacarigua (Edo. Carabobo). Allí se le apartaban toros criollos y papá lo veía torear. Era un fenómeno indiscutiblemente. Conocí también a su descubridor, José María Calderón, cuando vino a la inauguración de la Maestranza de Maracay, el 20 de enero de 1933. Fue una persona con una gran visión, porque como mentor y director de Belmonte, pudo notar las cualidades de torero grande que poseía”.

Juan Belmonte, cuando comenzó a torear se salió de todas las normas del toreo y fue un verdadero revolucionario. Rivalizó con “Joselito” en la considerada época de oro del toreo. Decían que lo fueran a ver pronto porque lo iba a matar un toro. El célebre matador de toros Rafael Guerra “Guerrita” fue el que dijo: “quién quiera verlo, que se dé prisa”. Afortunadamente, no lo mató un toro, pero falleció trágicamente después, quitándose la vida en su finca “Gómez Cardeña”.

Belmonte, estableció una forma y estilo de interpretar el toreo que rompió todos los moldes tradicionales. Dominaba a todos los toros y se arrimaba hasta más no poder, en unos terrenos prácticamente imposibles de creer. Se quedaba quieto, con una tranquilidad pasmosa a escasa distancia de los pitones de sus enemigos. Su característica media verónica al rematar con el capote, era su firma de torero grande y magnífico. Con la muleta lograba someter a los toros y los obligaba a pasar por donde él quería. Su pase natural era excepcional.

BELMONTE CONTRAJO MATRIMONIO POR PODER EN VENEZUELA

Juan Belmonte estando en Caracas en el año 1918, contrajo matrimonio por poder con doña Julia Cossío, dama de muy buena familia del Perú. Belmonte tuvo muchas dificultades para regresar a su patria por la guerra europea, porque no salían los barcos. No hallaba cómo irse y él se quería encontrar en Panamá con su esposa que lo esperaba, así que el General Juan Vicente Gómez, le ofreció un buque de guerra de Venezuela, para que lo trasladara hasta Panamá.

 Entre mi bisabuelo, el General Juan Vicente Gómez y Juan Belmonte existió siempre una gran amistad. Hasta el escritor sevillano Manuel Cháves Nogales, convenció al “Pasmo de Triana” para escribir su excelente biografía “Juan Belmonte, Matador de Toros; su vida y hazañas”. En su libro, Belmonte dedica un capítulo completo al General Gómez, relatando cómo lo conoció y comenzó su gran amistad con él.

Juan Belmonte contaba, entre otras cosas, en el capítulo XIX dedicado al Gral. Juan Vicente Gómez, lo siguiente:

“Al llegar a Venezuela desembarcamos en Puerto Cabello, donde nos esperaban dos automóviles enviados por uno de los hijos del Presidente de la República, General Gómez, para llevarnos directamente a una finca suya de Maracay, y evitarnos así el tener que dar la vuelta por La Guaira y Caracas.

En la finca del General Juan Vicente Gómez nos recibieron dos hijos suyos, fuertes mocetones, muy aficionados a los toros y a las faenas ganaderas, los cuales habían preparado una original bienvenida a los toreros españoles.

Cuando los automóviles en que íbamos llegaban a la finca, vimos a uno de los hijos del General, jinete en un soberbio caballo, correr por el campo acosando a un novillo; iban a carrera abierta la res y el caballo, cuando el jinete, haciendo una habilísima maniobra, cogió por la penca del rabo al novillo, y con una destreza y una fuerza sorprendentes lo volteó en el aire. Fue una bellísima escena campera, que nos deslumbró.

Juan Vicente Gómez, riquísimo hacendado, General y Presidente de la República de Venezuela, me tomó pronto un gran afecto. Amante del campo y de la ganadería, le gustaba verme bregando con las reses en su finca. Allí se pasaba los días contemplando cómo sus hijos y yo toreábamos y corríamos a caballo. No iba casi nunca a la capital. Yo tampoco iba más que los sábados, para torear el domingo y volverme a la dehesa con el General y sus hijos.

En aquella residencia campestre del Presidente de la República no había ninguna etiqueta. El viejo andaba por la casona como cualquier hacendado andaluz por su cortijo. A veces venían de Caracas los Ministros y los altos funcionarios para despachar con el General, y se lo encontraban entregado a las faenas del campo, como un manijero cualquiera”.

Curiosamente, en el documental titulado “El Toreo de Joselito y Belmonte”, transmitido por la Televisión Española (TVE), aparece el “Pasmo de Triana” leyendo con añoranza el libro “Mi Compadre”, del escritor colombiano Fernando González. Juan Belmonte lo tenía, porque en ese libro se narraban importantes aspectos de la vida de su amigo, el General Juan Vicente Gómez, como Presidente de la República de Venezuela. En el documental, se puede observar a Belmonte leyendo el libro y se aprecia en la portada la imagen del General Gómez.


Juan Belmonte leyendo el libro “Mi Compadre”, sobre la vida del Gral. Juan Vicente Gómez, del célebre escritor colombiano Fernando González. Fotografía tomada del documental “El toreo de Joselito y Belmonte” transmitido por TVE. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Mi abuelo Florencio Gómez Núñez, me contaba que Belmonte fue un hombre que se rodeó de muchos intelectuales de su época. Apreciaba la lectura, no hablaba mucho, pero era un hombre festivo, muy agradable, un poco gago, tenía esa pequeña dificultad para hablar que se le notaba. Le llamaban “El Chepa”, por ser un poco desproporcionado físicamente, fuera del toro, por supuesto, porque ante el toro era formidable. Era un poquito caído de hombros y tenía los brazos largos, pero también lo llamaban “San Juan”, “El Fenómeno”, “El Pasmo de Triana”, “El Revolucionario” y “Juanillo Terremoto”.

LA PRIMERA GANADERÍA DE TOROS DE LIDIA EN VENEZUELA
FUE SELECCIONADA POR BELMONTE Y CAÑERO

Los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, decidieron en el año 1932, comprar una ganadería de toros de lidia pura casta española para traerla a Venezuela. Esa ganadería fue escogida y aprobada, nada más y nada menos que por Juan Belmonte y Antonio Cañero. Fue seleccionada “por delante”, es decir, probaron toda la ganadería y eligieron lo mejor de ésta, para traerla a Venezuela.

La ganadería era la de los hermanos Pallarés Delsors ubicada en Cabra, Córdoba. Era una ganadería de mucho prestigio en España. Se compró la mitad de la ganadería de los hermanos Pallarés, por parte de los hermanos Gómez Núñez, y la embarcaron en un barco alemán desde Cádiz con destino a Venezuela. Así se fundó “Guayabita”, la primera ganadería de toros de lidia pura casta española en Venezuela.

Juan Belmonte mantuvo una entrañable y cordial amistad con los hermanos Gómez Núñez, a quienes dedicó unas palabras de reconocimiento por su desmedida afición:

“A Juan Vicente y Florencio Gómez, principales mantenedores de la Fiesta Nacional Española en América con el agradecimiento de un aficionado”.

Juan Belmonte. 1935.

BELMONTE CONTRATADO PARA LA FERIA DE MARACAY DE 1936

La Feria de Maracay de 1936, fue suspendida debido a la muerte del Gral. Juan Vicente Gómez, ocurrida el 17 de diciembre de 1935. Los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, tenían confeccionados los carteles para celebrar, como todos los años, las tres corridas de toros con gran entusiasmo.

Para la organización de la Feria, los hermanos Gómez Núñez, contrataron a su gran amigo el “Pasmo de Triana” Juan Belmonte, por quien su padre, el General Gómez sentía mucho cariño y admiración.

Belmonte, se había retirado del toreo y se vistió por última vez de luces la tarde del 29 de septiembre de 1935 en Sevilla. El contrato que firmó Belmonte con los hermanos Gómez Núñez para torear en la Maestranza de Maracay (Venezuela) en enero de 1936, es quizás uno de los últimos contratos firmados por él como matador de toros. Los otros diestros españoles que venían contratados fueron: Joaquín Rodríguez “Cagancho”, Victoriano de la Serna y Alfredo Corrochano.

Señalaba mi abuelo Florencio Gómez Núñez: “La amistad, el respeto y la admiración que siempre tuvo Belmonte por papá, hicieron que aceptara nuestra invitación para venir a torear a Venezuela. Especialmente, al enterarse que nuestro padre, el General Juan Vicente Gómez, tenía el deseo de verlo torear por última vez en Maracay, pero desgraciadamente esto no se pudo cumplir, porque se anticipó, lamentablemente, su muerte, siendo suspendida la Feria de 1936”.

REENCUENTRO CON JUAN BELMONTE

Los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, se reencontraron en España con Juan Belmonte y Antonio Cañero en 1936. Ellos mismos los fueron a recibir al Puerto de Cádiz. Los atendieron con gran cariño y se fueron juntos a Sevilla. Belmonte, tenía cerca de Sevilla su finca que se llamaba “La Capitana” y  frecuentemente se venía al hotel donde se hospedaban los hermanos Gómez Núñez para acompañarlos. Cañero, también los visitaba a menudo, vivía en Córdoba, pero venía al hotel en Sevilla para conversar con ellos y hacerles más grata su estadía, que fue aproximadamente de un mes.

Juan Belmonte durante la Semana Santa, se alojaba en el hotel para vestirse con el capirote y traje de nazareno, como muchos toreros lo hacían, para ir en la procesión del “Cachorro de Triana” que era la imagen por la que Belmonte sentía una gran  devoción.

Recordaba mi abuelo Florencio Gómez Núñez: “Belmonte, nos invitaba mucho a la finca donde tenía su ganadería que se llamaba “Gómez Cardeña” (Utrera). La finca era estupenda, él vivía en tres hectáreas más o menos, tenía su casa que se llamaba “La Capitana” y su finca quedaba como a unos cien kilómetros más allá, tenía una plaza de tienta y una casa magnífica. Lo observé enfrentarse con aquellas vacas a toda punta haciéndoles horrores y me vino a la memoria el mismo recuerdo cuando lo pude ver de niño por primera vez en Venezuela. Con aquel sabor, aquel temple y esa clase que solo él podía lograr durante la lidia.

Cada dos o tres días íbamos y montábamos en las jacas de Belmonte y Cañero, acosábamos a los toros en el campo y pasábamos grandes días en aquella finca. Guardo unos recuerdos inolvidables de aquella estadía. Posteriormente, nos fuimos a Madrid con la mala suerte que nos sorprendió la Guerra Civil Española.

Juan Belmonte, no era una persona común y corriente, allá en España era tratado como un Dios, la gente casi le pedía la bendición, se le arrodillaban y lo colmaban de atenciones y halagos. Cuando salía con nosotros por la calle iba discretamente con un sombrero verde ceñido a las cejas para cubrirse el rostro y evitar llamar la atención de la gente”.

Juan Belmonte, fue un fenómeno del toreo indiscutiblemente, toreó 644 corridas y estoqueó en su carrera como torero 1.429 toros. Su última tarde de luces fue el 29 de septiembre de 1935 en Sevilla actuando junto a Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma” y Manolito Bienvenida con toros de los hermanos Pallarés.

AQUELLA EXTRAORDINARIA NOVILLADA DE JUAN BELMONTE

Los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, presenciaron esa histórica novillada presentada en la Feria de Sevilla, el 21 de Abril del año 1936. Se lidiaron ocho novillos de la ganadería de Juan Belmonte con divisa verde y café. El cartel lo componían los novilleros: Diego de los Reyes, Pedro Ramírez “Torerito de Triana”, Pascual Márquez y Rafael Ortega “Gallito”, que aparecía en el Programa con el nombre de José por error. Todos los novilleros cortaron orejas, pero el máximo triunfador fue Pascual Márquez, que cortó dos orejas a su primer novillo y dos orejas y rabo a su segundo.

Recordaba mi abuelo Florencio Gómez Núñez: “Esa novillada de Juan Belmonte en Sevilla fue verdaderamente apoteósica y ha sido para mí el espectáculo taurino más completo que he visto en mi vida; porque de los ocho novillos que se lidiaron, a siete les cortaron las orejas, se otorgaron dos rabos y a uno no le cortaron las orejas, pero le dieron la vuelta al ruedo. El triunfador indiscutible fue Pascual Márquez, cortando cuatro orejas y un rabo”.

LA MUERTE DE JUAN BELMONTE

La muerte de Juan Belmonte el 8 de abril de 1962, causó gran conmoción en España y el mundo entero. El “Pasmo de Triana”, se quitó la vida en su finca “Gómez Cardeña”. El motivo exacto nunca se supo. Se dijo que era porque padecía una enfermedad incurable, un cáncer que lo tenía bastante deprimido y otros corrieron el rumor que fue por motivos pasionales con una rejoneadora colombiana llamada Amina Assis. En fin, mil cosas le achacaron, se prestó a mucha especulación el motivo de su suicidio. Belmonte fue excepcional como torero, convirtiéndose en un auténtico revolucionario.

El año pasado, tuve la oportunidad de visitar el Cementerio de San Fernando en Sevilla para colocar ante su tumba, en nombre de mi bisabuelo, el General Juan Vicente Gómez y de mi abuelo Florencio Gómez Núñez, unas flores por lo que significó como amigo de nuestra familia y gran figura del toreo.

Me llenó de emoción poder estar presente ante la tumba de ese fenomenal torero del que tanto me habló mi abuelo Florencio en nuestras agradables e inolvidables tertulias taurinas familiares.

El 14 de abril de 2012 se cumplirá el 120º Aniversario del natalicio de Juan Belmonte y el próximo año, el 16 de octubre de 2013, se conmemorará el Centenario de su alternativa como matador de toros.

Con cariño especial, un aficionado taurino venezolano, le dedica este homenaje a su memoria en el 50º Aniversario de su fallecimiento. 

Paz a su alma, maestro, don Juan Belmonte García (Q.E.P.D.).


Rafael Dupouy Gómez, coloca unas flores durante su visita a la tumba de Juan Belmonte en el Cementerio de San Fernando en Sevilla, el 6 de mayo de 2011. (Foto: Miguel Dupouy Gómez).


jueves, 11 de agosto de 2016

NICANOR VILLALTA: EL MAÑO QUE CONQUISTÓ MADRID


(Por: Rafael Dupouy Gómez)


La gran figura del toreo Nicanor Villalta en 1928. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

“Nicanor Villalta fue el mejor estoqueador de toros de aquellos tiempos con una pureza y regularidad en la ejecución de la suerte suprema”.

Manuel Mejías Rapela, el “Papa Negro”.

He querido recordar en este artículo a una gran figura del toreo que marcó una época inolvidable, me refiero a Nicanor Villalta, el magnífico diestro aragonés que se ganó con su honradez y determinación ser considerado como uno de los matadores de toros más importantes, populares y queridos de Madrid.

En sus comienzos fue duramente criticado por ser sumamente alto y desgarbado para el toreo, pero después se impuso con su peculiar estilo, algo forzado con el cuerpo, retorciéndose de puntillas, conquistando a los más entendidos críticos quienes lo calificaron como uno de los más notables muleteros de todas las épocas, “El Amo de la Emoción”, “El Rey del Volapié”, “El Coloso de Cretas”, “El Amo de la Muleta”, “El Mago de la Muleta”, “El Maño Genial” y “El Torero de Madrid”, entre otras definiciones.

El espigado Villalta, brindó a su público faenas de ensueño y quienes le recuerdan, jamás  olvidaron sus clásicas verónicas, sus variados y vistosos quites con el capote, sus derechazos y naturales profundos de gran sometimiento con las manos bajas, aquellos esculturales pases de pecho y temerarios “parones” exponiéndose ante la cara del toro con un valor estoico. Las sensacionales “Villaltinas” incluidas en su repertorio y lo más recordado y admirado por todos, su tremenda habilidad y manera efectiva de dar muerte a sus enemigos con admirable pureza, entrega y contundencia, convirtiéndose Nicanor Villalta en una referencia para sus compañeros como el estoqueador por excelencia al que debían imitar. Inolvidables fueron sus certeros volapiés de absoluta perfección. Villalta en Madrid conquistó a su exigente público, siendo figura fundamental en los carteles de ese coso en donde obtuvo memorables triunfos cortando más orejas que ningún otro torero en su historia. Nicanor Villalta, en Madrid logró torear nueve años consecutivos la Corrida de Beneficencia.

Nicanor Villalta y Serres, nació en Cretas (Teruel), España, el 20 de noviembre de 1897. Fue hijo del novillero y banderillero Joaquín Villalta y Odena, apodado “Castillejos”, quien luego de retirarse en 1908, viajó a América estableciéndose con su familia en México, en donde su hijo Nicanor, al principio, se desempeñó como pastor de ovejas y cabras en un rancho alquilado por su padre. Debido a la enfermedad de su madre, posteriormente, tuvieron que mudarse abandonando el rancho para regentar una fonda denominada “La Española”. Nicanor, fue bautizado con ese nombre por la gran amistad que tenía su padre Joaquín con el torero Nicanor Villa “Villita”. Con el paso del tiempo Nicanor Villalta, se aficionó y decidió continuar la profesión de su progenitor, vistiendo por primera vez de luces, el 22 de junio de 1918, toreando en Querétaro (México).

Al regresar con su familia a España, se presentó el 13 de julio de 1919 en Zaragoza, actuando en la parte seria de un espectáculo cómico-taurino protagonizado por los populares “Charlot y Llapisera y sus Botones”. Ese día estoqueó dos novillos de Cobaleda, mostrándose muy valiente y decidido, demostrando su habilidad y contundencia con el estoque, escuchando fuertes ovaciones. Sus comienzos fueron duros, pero Villalta basó su éxito en tres armas esenciales, como bien señalaron sus críticos: La primera, comprendía un valor sereno y hondo. La segunda, un muleteo personal y arrojado. La tercera, una forma de matar certera y muy segura. Por esas virtudes fundamentales, lentamente sobresalió, dejando atrás las burlas e incomprensiones.
El 21 de junio de 1920, debutó en la Real Maestranza de Sevilla, ante novillos de Rincón, sin suerte, escuchando un aviso en su primer toro. Lo acompañaron los novilleros “Facultades” y Correa Montes.

El 2 de abril de 1922, debutó en la plaza de toros de Madrid, alternando con los novilleros “Facultades” y “Morenito de Zaragoza”, ante reses de Moreno Santamaría. Villalta apuntó cosas de buen torero, estuvo muy bien con la muleta y mató con arrojo a su primer novillo sufriendo un palotazo en el pecho y una ligera conmoción cerebral. La afición madrileña lo recibió con entusiastas aclamaciones.

Nicanor Villalta, compartió cartel con Fausto Barajas y el venezolano Eleazar Sananes “Rubito”, en la que sería su última presentación como novillero, el 2 de mayo de 1922, ante novillos del Duque de Tovar. Luego de esa actuación en Madrid, “Rubito” hizo historia convirtiéndose en el primer matador de toros venezolano que tomó la alternativa en la Corrida de Beneficencia, el 17 de mayo de 1922, en la antigua plaza madrileña de la carretera de Aragón, siendo su padrino Saleri II y como testigos Nacional II y Marcial Lalanda, ante toros de Gamero Cívico. “Sanluqueño” fue el nombre del toro de su doctorado, marcado con el número 99. Es importante destacar que a Eleazar Sananes “Rubito” se le debe la resurrección de la fiesta de los toros en Venezuela, convirtiéndose en un auténtico ídolo nacional.

Aquella gran novillada celebrada, el 2 de Mayo de 1922, en Madrid, resultó memorable para ambos novilleros, porque Nicanor Villalta y Eleazar Sananes “Rubito”, salieron a hombros por la Puerta Grande. El diario ABC escribió: “Cuando Villalta mató al quinto toro, se puso en pie el  inteligente crítico taurino y recalcitrante belmontista “Claridades” y exclamó: ¡Como Belmonte!”. El público asistente lleno de entusiasmo gritó desde los tendidos: ¡Viva Caracas! ¡Viva Zaragoza! ¡Viva España! ¡Viva América!, respondiendo el aragonés y el venezolano con mucha alegría celebrando el triunfo.
                  
Nicanor Villalta, antes de tomar la alternativa, había toreado 14 novilladas esa temporada, en las plazas de Madrid, Zaragoza, Barcelona, Bilbao, Córdoba, Jerez, Logroño y Málaga. Luego de sumar 44 actuaciones, se doctoró como matador de toros.

El 6 de agosto de 1922, Villalta tomó la alternativa en San Sebastián, ante ocho toros de Albaserrada. Alternó con el mexicano Luis Freg, quien fue el padrino de su alternativa, siendo testigos Marcial Lalanda y Pablo Lalanda. Al toro de su alternativa de nombre “Capotero” lo recibió con tres verónicas y un recorte. El toro no se prestó para el lucimiento, pero Villalta consiguió algunos buenos naturales y pases de pecho de excelente factura. Mató de dos pinchazos y estocada baja. En su segundo, estuvo mejor. Le aguantó una enormidad con el capote y realizó un quite por “Tijerillas”, recibiendo una fuerte ovación. Logró tandas de pases ayudados por alto a pies juntos, buenos derechazos y naturales, rematando con un ajustado de pecho señorial. La faena en su conjunto fue artística. Mató de media estocada trasera y tendida. El público reconoció su labor prodigándole muchos aplausos.

El 21 de septiembre de 1922, confirmó su alternativa en Madrid de manos de Diego Mazquiarán “Fortuna”, actuando de testigo, Emilio Méndez, ante toros de Matías Sánchez. Nicanor Villalta escuchó palmas en su último toro. En 1923, Villalta ganó el recién creado premio de “La Oreja de Oro” en la corrida de la Asociación de la Prensa, celebrada en Madrid. El torero aragonés regaló al joyero de la Virgen del Pilar de Zaragoza su preciado premio como gran devoto que fue toda su vida.

El 24 de mayo de 1925, en la vieja plaza de toros de la carretera de Aragón en Madrid, Nicanor Villalta obtuvo un gran éxito al cortar las dos orejas del toro “Lechuguino” de la ganadería de Aleas. El 26 de septiembre de ese mismo año en Valencia (España), Villalta actuó como padrino de la alternativa de Francisco Tamarit Chover “Cháves” con Cayetano Ordóñez el “Niño de la Palma”, lidiando toros de Doña Carmen de Federico (Murube). El astado correspondiente al toricantano se llamó “Embargado”, Nº 187 al que le cortó una oreja. Nicanor Villalta a su primero “Ricachón”, le realizó un magnífico quite de frente por detrás con el capote, como algo inusual colocó banderillas y ejecutó una buena faena de muleta, premiada con la vuelta al ruedo. En su segundo, de nombre “Marchenero”, el aragonés recibió una fuerte ovación.


Lance a la verónica antigua de Nicanor Villalta. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez). 

Durante la Feria del Pilar de Zaragoza, el 18 octubre de 1925, coincidieron en la plaza dos aragoneses: Nicanor Villalta y el famoso tenor Miguel Fleta. El matador de Cretas, estaba siendo el triunfador indiscutible del ciclo pilarista, porque en las tres corridas en las que había intervenido cortó nueve orejas, cuatro rabos y una pata. Ese día se lidiaron toros de Francisco Villar. Villalta le brindó su último toro al gran tenor con estas palabras: "Le brindo la faena y muerte de este toro, y también le diré que quisiera ser tenor con su voz para exponer menos la vida". Su faena fue fenomenal en conjunto, despachó a su enemigo de una soberbia estocada hasta la bola y le concedieron una pata. Cuentan que el célebre tenor Miguel Fleta bajó al ruedo desde su barrera para felicitar a Villalta, estrechándole un fuerte abrazo ante la aclamación del público asistente. Fleta, después de la corrida, muy gentilmente le envió a Villalta en un sobre unas entradas de regalo para que lo fuera a ver en el teatro donde se presentaba esa noche.


Portada de la revista “La Lidia” dedicada a Nicanor Villalta en 1926, conquistando un apoteósico triunfo en Madrid, denominándola “La Tarde de Villalta”. Fotos: Vandel. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 6 de junio de 1926, Nicanor Villalta tuvo una tarde excepcional, logrando un rotundo éxito en Madrid, al cortar cuatro orejas y un rabo, un hecho sin precedentes hasta ese momento. Se lidiaron reses de don Manuel Aleas. Villalta compartió cartel con Ricardo Nacional, quien resultó corneado en el pecho por su primer toro, al iniciar su faena ejecutando un pase con la muleta plegada. Por tal motivo, Villalta tuvo que enfrentarse a cuatro toros. “Gitanillo” fue su otro compañero de cartel. Villalta brilló colocando una gran estocada al segundo y realizando una sensacional faena ante el quinto toro, que fue lidiado por el diestro aragonés con auténtica maestría. Nicanor Villalta, con su característica forma de torear con los pies juntos en puntillas, las rodillas apretadas y el cuerpo erguido, ligó unas series de admirables y portentosos muletazos, siendo aclamado por el público y premiada su actuación. Por las extraordinarias faenas realizadas en conjunto con arte, valor y entrega, se recuerda ese acontecimiento como: “La Tarde de Villalta”.  

El 14 de noviembre de 1926, en la plaza de toros de El Toreo de México, D.F., ante reses de La Laguna, se presentaron los diestros Nicanor Villalta y Juan Espinosa “Armillita”. El diestro maño tuvo una lucida actuación, destacando una serie de derechazos ligados, tres o cuatro cada vez, que hasta ese momento solamente se había realizado con los naturales. El 30 de enero de 1927, en la misma plaza mexicana, alternando con Manuel Jiménez “Chicuelo”, Victoriano Roger “Valencia II” y la misma ganadería de La Laguna, Nicanor Villalta a su primer toro de nombre “Mirlo” le ejecutó un par de derechazos que hicieron levantar al público de sus asientos. Luego de su gran faena, mató de una buena estocada hasta los gavilanes, siendo considerada la estocada de la temporada. Le concedieron una merecida oreja que paseó dando la vuelta al ruedo.

El 20 de febrero de 1927, en la plaza de toros de El Toreo de México, D.F., se celebró la corrida de “La Oreja de Oro”, trofeo que había sido cedido en esa ocasión por la Asociación de la Prensa Madrileña a la Junta de Covadonga en México. Se lidiaron ocho toros de la ganadería de “Piedras Negras” para los diestros Manuel Jiménez “Chicuelo”, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta y el mexicano Pepe Ortiz. El triunfador de la tarde fue Nicanor Villalta al realizar a su segundo toro de nombre “Fogonero”, una memorable faena que culminó con un extraordinario volapié, cortando las dos orejas y el rabo. Con ese rotundo triunfo conquistó el premio de “La Oreja de Oro” en México. El aragonés actuó en la temporada mexicana de 1926-1927 unas 8 tardes en el coso de El Toreo.

El 12 de mayo de 1927, se celebró en la plaza de toros de Zaragoza, la corrida Goyesca donde participaron el rejoneador portugués Simao Da Veiga y los diestros Rafael Gómez “El Gallo”, Nicanor Villalta y Pablo Lalanda, ante reses de los Herederos de Vicente Martínez. El que estuvo mejor esa tarde fue Pablo Lalanda.


Nicanor Villalta en 1931. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 11 de octubre de 1928, Nicanor Villalta le impuso la condecoración de la “Cruz de la Beneficencia” al diestro Diego Mazquiarán “Fortuna”, en reconocimiento por su hazaña heroica al dar muerte a un toro que se escapó por las calles de La Gran Vía madrileña. El acto ocurrió durante la celebración de la corrida de la Asociación de la Prensa en Madrid. Además de Villalta y “Fortuna”, actuaron esa tarde Victoriano Roger Serrano “Valencia II” y el azteca “Tato de México”. Se lidiaron ocho toros de la ganadería del Duque de Veragua y cuatro ejemplares de Aleas. “Fortuna” cortó esa tarde una oreja. En septiembre de 1929, Nicanor Villalta obtuvo un gran triunfo en la corrida Goyesca celebrada en Valladolid.

El 17 de mayo de 1930, alcanzó otro apoteósico triunfo en Madrid, luego de una valerosa faena de muleta. Cortó las dos orejas del toro “Lavaíto” de Coquilla. Durante ese año llevaba cortadas 25 orejas en la plaza de Madrid, en una época que era muy difícil cortar algún apéndice auricular. Ese mismo año, el 3 de septiembre, en la plaza de toros de Mérida (España), Nicanor Villalta obtuvo una apoteósica tarde, al cortar a sus dos toros las dos orejas y el rabo. El público enardecido pidió que fuera premiado también con el corte de una pata, siendo la primera vez que se otorgaba en ese coso. Villalta consiguió igualmente otros resonantes triunfos en Oviedo, Salamanca, Valladolid y la Feria del Pilar de Zaragoza.

El 6 de abril de 1931, en la vieja plaza de toros de Madrid, se celebró la Corrida de Beneficencia, en la que Nicanor Villalta brindó una de las más grandes faenas de muleta realizadas en la historia el toreo.

El 17 de junio de 1931, Nicanor Villalta participó en la corrida inaugural de la plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid, alternando junto a Diego Mazquiarán “Fortuna”, Marcial Lalanda, Fausto Barajas, Luis Fuentes Bejarano, Vicente Barrera, Fermín Espinosa “Armillita” y Manolo Bienvenida. Se lidiaron toros de ocho ganaderías diferentes. Hubo una gran expectación pero el resultado artístico no fue el esperado, siendo un cartel de tanta categoría. Solamente destacó esa tarde “Fortuna” dando una vuelta al ruedo. 

El 5 de julio de 1931, Pepe Bienvenida, tomó la alternativa en la vieja plaza de toros de Madrid, de manos de Nicanor Villalta, cediéndole el toro “Majoleto”, número 55 de la ganadería de Doña María Montalvo, en presencia de su hermano Manolo Bienvenida. Villalta y sus jóvenes compañeros de cartel, los hermanos Bienvenida, no pudieron lucirse por las dificultades para la lidia que presentaron los astados, solamente el toricantano dio una vuelta al ruedo siendo bastante aplaudido.

El 1 de junio de 1932, Nicanor Villalta logró un importante triunfo en Madrid, destacándose como un extraordinario matador de toros y un magnífico estoqueador que no tuvo rivales en esa época. Alternó con Marcial Lalanda y Alfredo Corrochano. Se lidiaron toros de la ganadería de Santiago Sanchez Rico.

El 27 de abril de 1933, se celebró la Corrida de Beneficencia en la plaza de toros de Madrid. Se presentaron los matadores Nicanor Villalta, Manuel Mejías “Bienvenida”, Domingo Ortega y Antonio García “Maravilla”, ante seis toros de Albaserrada y dos del duque de Tovar. La plaza registró un lleno total. Fue una corrida sangrienta, porque resultaron corneados: Manolo Bienvenida en su primer toro, gravemente en la ingle derecha, penetrando el pitón en la región abdominal. Domingo Ortega, al rematar un quite, recibió una grave lesión en la región perineal y “Maravilla”, sufriendo una cornada en el muslo derecho en su faena de muleta. Los tres diestros tuvieron que ingresar en la enfermería. Nicanor Villalta se encontró solo en el ruedo y tuvo que matar siete toros, haciéndolo con mucho lucimiento, especialmente al sexto toro de la tarde, realizándole una excelente faena de muleta que fue premiada con las dos orejas.

En la Feria del Pilar de Zaragoza de 1933, Nicanor Villalta obtuvo otro importante triunfo al cortarles las dos orejas a sus dos toros de la ganadería de Concha y Sierra.

NICANOR VILLALTA EN LA FERIA DE MARACAY 1934  (VENEZUELA)


Florencio Gómez Núñez en compañía de su amigo Nicanor Villalta durante la Feria de Maracay de 1934 en la que escribió, la siguiente dedicatoria: “Como recuerdo y cariño a don Juan Vicente y Florencio Gómez. En recuerdo de mi visita a esta ciudad y gran país. Con un abrazo, Nicanor Villalta”. 19/01/1934. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Entre los toreros que contrataron los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez para la Feria de Maracay en1934, figuró Manolito Bienvenida, que ya había actuado en la Feria de 1933, cuando fue inaugurada la hermosa Maestranza de Maracay. También vino Pepe Bienvenida para debutar en la plaza de toros alternando con su hermano Manolo. Los hermanos Bienvenida y su padre don Manuel Mejías Rapela, el “Papa Negro”, entrañables amigos de los hermanos Gómez Núñez, hijos del Gral. Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, compartieron y disfrutaron agradables momentos durante su estadía.

Cabe destacar, que para la primera corrida de Feria los hermanos Gómez Núñez habían contratado al diestro español José “Pepe” Amorós, triunfador de la segunda corrida de la Feria de Maracay de 1933. Sin embargo, por un percance sufrido en la Plaza de Cartagena de Indias (Colombia), fue sustituido por el diestro Antonio García “Maravilla”. Los otros matadores de toros españoles que vinieron para completar los carteles acompañando a Manolo y Pepe Bienvenida, fueron Nicanor Villalta y Antonio García “Maravilla”.

Mi abuelo, Florencio Gómez Núñez, recordaba su impresión sobre la personalidad de Nicanor Villalta: “Era un torero sumamente alto. Su estatura no le permitía realizar con verdadera estética y armonía el toreo alegre, gracioso y lleno de adornos que gustaba tanto al público. El verdadero fuerte de Nicanor, era con la muleta, en especial su toreo con la mano izquierda, al natural, donde demostraba todo su poderío. También, fue un excelente estoqueador, muy seguro y certero. De los mejores que he visto en mi vida. Todavía recuerdo sus formidables estocadas. No fue un torero clásico ni artista pero logró muchos triunfos importantes en Madrid donde mantiene el récord de haber sido el torero que más orejas ha cortado en la historia. Era muy simpático, sencillo, de sonrisa fácil y agradable conversación. Mantuve una buena amistad con él. Me brindó su primer toro en la segunda corrida de la Feria de Maracay en 1934”.


Nicanor Villalta actuó en las tres corridas de la Feria de Maracay de 1934. José “Pepe” Amorós, quien aparece anunciado en la primera corrida, fue sustituido por Antonio García “Maravilla” por un percance que éste sufrió en Colombia, imposibilitando su participación. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Bajo las órdenes de Nicanor Villalta, vino para actuar en Venezuela Mariano Sirvent “Moyano”, un excelente picador madrileño, considerado de los mejores en su tiempo. Años más tarde fue empresario de caballos en Lima (Perú). También perteneció a la cuadrilla de Nicanor Villalta durante la Feria de Maracay de 1934, el bilbaíno Cástulo Martín, quien fue un excelente banderillero, manejaba muy bien el capote y bregaba con eficiencia, destacándose como uno de los mejores subalternos de su época. Posteriormente, vivió muchos años en Venezuela y apoderó al ídolo venezolano Luis Sánchez Olivares el “Diamante Negro”.

Pero veamos lo que reseñaba el programa de la Feria de Maracay de 1934, sobre las actividades, los toreros contratados y las ganaderías presentes:

“El programa de esta penúltima feria organizada durante la administración del General Juan Vicente Gómez fue sencillo. Lo más relevante fueron las tres corridas contratadas. Hubo gallos, cine en el teatro “Maracay” y en el “Girardot”, retretas, paseos por el lago, visita a las industrias establecidas en la ciudad, audiciones musicales en el hotel “Jardín”, obsequio del Presidente del Estado Aragua, Dr. José Vicente López Rodríguez, consistente en una ternera en los sitios de esquina de El Choque, La Romana, Portillito y La Barraca, té danzante en el Hotel Jardín. Para esta temporada trajeron los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez ejemplares de la ganadería española de García Pedrajas (Parladé), divisa blanco y encarnado, jugándose además reses de “La Providencia”, divisa gualda y rojo”.

En la primera corrida de Feria, el viernes 19 de enero de 1934, actuaron los diestros Nicanor Villalta, Manolo Bienvenida y Pepe Bienvenida. Hubo una gran expectación, llenándose la Plaza de Maracay en su totalidad. Acudió el Gral. Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela, a presenciar la corrida, siendo muy ovacionado. Vinieron aficionados de varios Estados de la República. La plaza estaba engalanada con la presencia de las damas que lucían sus mantillas y mantones de manila. El rejoneador español Miguel Cuchet realizó el despejo con elegancia y distinción bajo los acordes del pasodoble, siendo los toreros fuertemente aplaudidos por el público presente. Se lidiaron seis toros de media casta de la ganadería venezolana “La Providencia”, perteneciente a los hermanos Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez.

Nicanor Villalta estuvo fenomenal esa tarde histórica que marcaría su debut en Venezuela. La crónica taurina así lo reseñó:

 “La bella capital de Aragua es toda animación y entusiasmo. Por todas partes se ven automóviles ostentando las chapas de los diversos Estados, lo que indica que han llegado a presenciar la corrida personas de toda la República. A las cuatro en punto hace su aparición en el palco presidencial el Benemérito General Juan Vicente Gómez, acompañado de su familia y cuerpo de edecanes, siendo recibido por el público con una ovación cerrada.

Palcos y tendidos están adornados por bellísimas damas. ¿De dónde sale tanta mujer hermosa? Cada día son más y más bonitas. ¡Dios las conserve! Con ese mujerío, con esos ojos dudo mucho que haya torero que no se arrime. A los acordes del flamenco pasodoble hacen el paseíllo las cuadrillas, llevando al frente al excelente caballista D. Miguel Cuchet.

Nicanor Villalta hace el paseo montera en mano. Se acerca al palco presidencial y le ofrece al General Gómez el capote de paseo bordado con la imagen de la Virgen del Pilar. Suena el clarín y por el portón de los chiqueros sale un torazo cárdeno, gordo. Un toro de respeto aquí y en cualquier lado. Nicanor lo recoge con unos lances buenos, especialmente dos que se aplauden mucho. Toma los trastos el maño y brinda al Presidente de la República, General Juan Vicente Gómez. Retira a la gente y solo en los medios se lía con aquella catedral de carne, hasta hacerse con él en unos muletazos pletóricos de valor. En cuanto junta las manos el de “La Providencia”, se arranca en corto y por derecho, para dejar una lagartijera que tumba sin puntilla. Ovación y salida al tercio.

El cuarto toro es tan grande como sus hermanos. Baste decir que ninguno de ellos bajó de las 26 arrobas. Nicanor Villalta se abre de capa y le propina seis verónicas de su marca, seis imponentes parones que remata con media rodilla en tierra. Ovación. Brinda Nicanor a don Antonio Pimentel. El maño se queda solo con aquel mulo con cuernos y echándole un valor enorme, le propina unos derechos imponentes que lo convierten en una jalea. Sigue Nicanor, toreando por molinetes, afarolados y de pecho, en medio de una ovación. Música. Junta el toro las manos y el Gran Baturro, ejecutando la suerte del volapié en forma irreprochable, mete una en todo lo alto que hace polvo al de “La Providencia”. Ovación enorme, oreja, rabo, vuelta y salida a los medios. ¡Qué estocada tan grandiosa ha propinado el diestro de Cretas!

Al salir el quinto toro aún dura la ovación a Villalta, quien demostró, en el mejor lote de la corrida, que pone el corazón en la punta del estoque, y con ello confirma que pueda seguir, durante muchos años, siendo figura del toreo”.

Niño del Postigo. (Periódico “El Nuevo Diario”, 20 de enero de 1934).

En la segunda corrida celebrada el sábado 20 de enero de 1934, torearon nuevamente Nicanor Villalta y Pepe Bienvenida con Antonio García “Maravilla”. Se lidiaron tres toros de la ganadería española de García Pedrajas y tres reses de la ganadería venezolana de “La Providencia” propiedad de los hermanos Gómez Núñez. El despejo lo realizó, nuevamente, el rejoneador español Miguel Cuchet montando a la jaca “La Cabrera” que le trajo de España don Antonio Cañero a mi abuelo Florencio Gómez Núñez.

La crónica taurina de la época reseñó la actuación de Nicanor Villalta: “Ayer se celebró en la Maestranza de Maracay la segunda corrida de feria. A las cuatro en punto ocupa el palco presidencial el Benemérito General Juan Vicente Gómez, acompañado de su familia, y cuerpo de edecanes. El Primer Magistrado de la Nación tiene en brazos por breves momentos a una de sus nietecitas, ataviada con traje de maja española y el público, puesto en pié, le tributa con sus aplausos un cariñoso homenaje. Suena un precioso pasodoble y aparece al frente de las cuadrillas el profesor de equitación D. Miguel Cuchet, montando una preciosa jaca, propiedad del Sr. Florencio Gómez. El público tributa al excelente jinete una ovación, que hace extensiva a “Maravilla”, recordando sus faenas de Caracas. Nicanor Villalta, de azul y negro recibe a su primero, un buen mozo, jabonero, con muchas arrobas, con unos lances buenos que se aplauden. Brinda Villalta al ganadero Sr. Florencio Gómez y torea a su enemigo, reposado y tranquilo sobre la derecha. El toro es soso, pero se deja muletear. En cuanto une las pezuñas, arranca Villalta en corto y por derecho para colocar una lagartijera que mata sin puntilla al de “La Providencia”. Palmas fuertes.

Y entramos ya en la lidia de los toros españoles de García Pedrajas. El primero es muy escurrido de carnes, pero con unos cuernos enormes. Nicanor Villalta le para los pies con cinco lances buenos que se aplauden. El torito de Pedrajas es dificilísimo, aunque sin malas intenciones. Tiene mucho nervio. Villalta tantea el pajarraco aquél, con cuatro pases por bajo, pero el bichito aprende todo en un segundo. Es de una inteligencia inigualable. Por fin logra dominarlo con algunos derechazos muy duros y dos de pecho buenos. Junta las manos y el gran Villalta se echa detrás del estoque para meter un volapié imponente que derrumba al de Pedrajas sin puntilla. Ovación y oreja. La estocada y la ejecución fueron mejores que la de ayer y ya es decir algo”.

Niño del Postigo. (Periódico “El Nuevo Diario”, 21 de enero de 1934).

Como dato curioso, Nicanor Villalta, Manolo Bienvenida y Antonio García “Maravilla” habían actuado en la Corrida de Beneficencia en Madrid (España), de modo que la afición taurina venezolana pudo ver y disfrutar el mismo cartel de la célebre corrida, el 21 de enero de 1934 en la tercera y última tarde de la Feria de Maracay (Venezuela). La prensa señalaba: “A ver qué otra plaza de América puede presumir de tanto postín”.

Se lidiaron tres toros de la ganadería española de García Pedrajas en combinación con tres toros de “La Providencia”. El triunfador de la corrida fue Manolo Bienvenida que logró una faena artística y meritoria por su entrega y valor ante su primer toro de “La Providencia”. Nicanor Villalta estuvo muy voluntarioso, logrando el reconocimiento de los aficionados al ejecutar muletazos de excelente calidad. Sus estocadas fueron magistrales como siempre. Antonio García “Maravilla”, se mostró cumplidor. Trató de justificarse ante el peor lote de la corrida que no le permitió mayor lucimiento.

Culminada la Feria de Maracay, Nicanor Villalta se presentó en el Nuevo Circo de Caracas (Venezuela) compartiendo cartel en un mano a mano con el venezolano Julio Mendoza, lidiando astados criollos de Juan Vicente Ladera, el 28 de enero de 1934. Lo más sobresaliente de la corrida fueron las magníficas estocadas de Villalta a sus tres enemigos y las dos, muy efectivas, ejecutadas por Julio Mendoza. Los toros fueron en conjunto bastante complicados para la lidia.

El 28 de abril de 1935, se organizó a favor del Hospital Provincial de Madrid, la primera Corrida de Beneficencia en la Monumental de Las Ventas de Madrid. Nicanor Villalta integró el cartel en compañía de Marcial Lalanda, Joaquín Rodríguez “Cagancho” y Manolo Bienvenida quienes actuaron desinteresadamente en la lidia de un encierro murubeño de Carmen de Federico.

El 25 de abril de 1941, en la plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid, se lidiaron toros de don Félix Moreno Ardanuy para los diestros Nicanor Villalta, Marcial Lalanda y Pepe Luis Vázquez. El triunfador de la tarde fue Nicanor Villalta, que cortó las dos orejas a su primer toro.

Nicanor Villalta, demostrando por qué era considerado el mejor estoqueador de su tiempo. Año 1930. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

A sus 45 años de edad, Villalta toreó el Domingo de Pascua de 1942, en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y cortó una oreja a un toro de la ganadería portuguesa de Infante da Cámara. El empresario Pagés quiso repetirlo y el torero se negó señalando que quería morirse con el recuerdo de la faena de esa tarde en esa plaza.

El 12 de octubre de 1943, se realizó en la plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid, la corrida de despedida del diestro Nicanor Villalta, que compartió cartel con el rejoneador Don Álvaro Domecq y los diestros Pedro Barrera y Domingo Dominguín, quienes brindaron sus primeros toros a Villalta. Se lidió un novillo que correspondió al rejoneador, cinco toros de Villagodio y un astado de Soto. Villalta estuvo muy bien ante sus dos enemigos, cortando una oreja a cada uno de los toros que le correspondieron en suerte. El público lo ovacionó fuertemente en su despedida, saliendo luego a hombros de la plaza que tantas satisfacciones le dio en su carrera taurina.

Nicanor Villalta, se retiró definitivamente en la Feria del Pilar en Zaragoza, el 17 de octubre de 1943, compartiendo cartel con “Morenito de Talavera” y “Manolete”, lidiando reses de Sánchez Fabrés, antes Coquilla. Cortó una oreja, con una estocada de las de su estilo, a su último toro. Durante esta época llegó a torear alrededor de veinte corridas por temporada y obtuvo notables éxitos en cosos de primera categoría, como Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia.
El 27 de septiembre de 1956, se programó un gran festival en homenaje a Nicanor Villalta. Por la mañana, después del sorteo, lo fueron a visitar a su residencia el crítico taurino Curro Meloja, don Manuel Mejías Bienvenida, el “Papa Negro” y el aficionado Tomás Martín. El histórico festival taurino se celebró por todo lo alto. Participaron con Villalta, los diestros Luis Fuentes Bejarano, Pepe Bienvenida, Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, Paquito Muñoz, Manuel Martín Vázquez, Manolo Escudero y “El Choni”, ante novillos de la ganadería de Escudero Calvo. La plaza de Las Ventas estaba llena hasta la bandera. Hasta la célebre actriz Ava Gardner estuvo presente engalanando con su hermosura esa tarde. Nicanor Villalta se lució con unas buenas verónicas. Sus subalternos en el festival, Pepe Bienvenida y Antonio Sánchez pusieron banderillas. Villalta brindó al “Tendido del 7” que contribuyó en la organización y luego al público presente. Ofreció el diestro aragonés una meritoria faena de muleta llena de pinceladas de su arte. Se perfiló para entrar a matar, logrando una media estocada en buen sitio que provocó la rápida muerte de su enemigo. Con las dos orejas y un ramo de flores paseó su triunfo el queridísimo Nicanor Villalta, recibiendo una sonora ovación. Durante el festival ocurrieron curiosos episodios como el momento en que el “Papa Negro”, muy dispuesto y enrabietado, tomó un par de banderillas que quiso colocar, pero los demás toreros se lo impidieron debido al riesgo que representaba por su avanzada edad. Otro inolvidable momento, sucedió cuando el público entusiasmado, solicitó a Domingo Ortega, quien presenciaba el festival desde la barrera en compañía de don Gregorio Corrochano, que lidiara al novillo sobrero. Domingo Ortega, inmediatamente, bajó al ruedo vestido de paisano y toreó estupendamente con la pureza, temple y suavidad propia de su arte inimitable. Liquidó de una efectiva media estocada. El homenajeado Nicanor Villalta, fue sacado a hombros por sus compañeros en tarde memorable que quedó grabada para el recuerdo en el NO-DO.      
Nicanor Villalta participó como actor de cine. Su primer film como galán fue en la película muda “El suceso de anoche”, realizada en 1929 por el director León Artola. En esa cinta trabajó con su hermana Marina Villalta Serres y le pagaron 40.000 duros de la época. Durante la grabación de otra película titulada “Juguetes Rotos” de Manuel Summers en el año 1966, el torero aragonés Nicanor Villalta, mató el último toro de su vida. Lo hizo en Las Ventas a los 68 años de edad.  
A Nicanor Villalta por su gran fama y popularidad le compusieron 16 pasodobles a lo largo de su larga carrera en los ruedos. Fue un torero de escasas cornadas. Solamente tres de gravedad y siete menos graves. Toreó aproximadamente 500 corridas y mató 1.700 toros. Tiene el récord de orejas cortadas en Madrid, con un total de 54 y 3 rabos, un caso sin precedentes en la historia. En la Maestranza de Sevilla actuó en 7 corridas y una novillada picada, cortando 3 orejas: una el 20 de abril de 1926 y las otras el 20 de abril de 1932 y el 5 de abril de1942.

Villalta fue un torero valeroso, de pundonor y muy honrado profesionalmente. En Pamplona (España) actuó en 5 temporadas, hizo 11 paseíllos, mató 19 toros y cortó 3 orejas cada una en 1923, 1926 y 1930. Como dato curioso, al principio, el célebre escritor norteamericano Ernest Hemingway trató mal a Nicanor Villalta, ridiculizándolo en su novela “Muerte en la tarde” pero después de su primer viaje a Pamplona, luego de ver a Villalta torear, cambió totalmente su parecer y lo idolatró hasta el punto de ponerle a su primer hijo, junto a su esposa Elizabeth Hadley Richardson, el nombre de John Hadley Nicanor Hemingway, como homenaje al torero aragonés. Lo cierto es que poco faltó para que el niño se llamara en realidad: Nicanor Villalta Hemingway.

Nicanor Villalta, toreó el siguiente número de corridas por años: 12 (1922), 41 (1923), 38 (1924), 55 (1925), 50 (1926), 26 (1927), 55 (1928), 40 (1929), 45 (1930), 39 (1931), 31 (1932), 34 (1933), 18 (1934), 18 (1935).

Después de su retirada, Nicanor Villalta fue apoderado y empresario de varios toreros. Posteriormente, lo nombraron Asesor Técnico de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid hasta el final de la temporada de 1979. A lo largo de su carrera profesional ganó bastante dinero pero algunos malos negocios lo llevaron a sufrir penurias económicas. Al final, se mantuvo con lo que pudo ahorrar y gracias a un Alcalde que le otorgó la licencia para conducir un taxi.

Mi gran amigo don Fernando Claramunt, recordándolo me contó: “Después de su retirada fue muchos años Asesor de la Presidencia en la Monumental de Madrid y tuve ocasión de hablar con él a menudo antes de las corridas. Era muy simpático y hablador. Un tanto excéntrico. Levantaba una pierna y se mantenía mucho rato sobre una sola, como ciertas aves, la grulla, por ejemplo, de lo cual estaba muy orgulloso a su avanzada edad. El pintor Carlos Ruano Llopis, le dedicó muchos apuntes y al menos dos grandes óleos que se convirtieron en carteles famosos: La Tafallera, ahora tan de moda, y un derechazo, de ceniza y oro con el cuerpo muy forzado, porque al ser tan alto se retorcía mucho toreando de puntillas. Le pude ver de luces, de tinto riojano y oro, en una de sus últimas corridas en Alicante. Debió ser en 1939 o 1940 recién terminada nuestra guerra civil”.

En la madrugada del domingo, 6 de enero de 1980, falleció el matador de toros aragonés retirado Nicanor Villalta, uno de los más famosos e importantes lidiadores de la historia del toreo. Tenía 82 años. El fallecimiento se produjo en la clínica de la Cruz Roja de Madrid, donde llevaba varios días hospitalizado, como consecuencia de un cáncer pulmonar. Fueron velados e inhumados sus restos en el Cementerio de la Sacramental de La Almudena en Madrid, donde recibió cristiana sepultura. Asistieron a su entierro sus compañeros, los matadores de toros: Domingo Ortega, Ángel Luis y Juan “Bienvenida”, Manolo Martín Vázquez, Gregorio Sánchez y Jaime Malaver, entre muchos otros.

En su honor fue desvelado un Busto frente a la Plaza de Toros de la Misericordia de Zaragoza y en la Plaza de Toros Monumental de Las Ventas de Madrid en 1997, con motivo del Centenario de su natalicio, fue colocado como recuerdo un azulejo con la siguiente inscripción: “La Comunidad de Madrid al Matador de Toros y Asesor de esta Plaza D. Nicanor Villalta en el Centenario de su Nacimiento en Cretas (Teruel). El día 20 de noviembre de 1897. Madrid, 1997”


A la izquierda: Busto de Nicanor Villalta en la Plaza de Toros de Zaragoza. A la derecha: Rafael Dupouy Gómez mostrando una foto de Nicanor Villalta con Rafael Gómez “El Gallo” y Pablo Lalanda en corrida Goyesca, dedicada por el diestro aragonés a su abuelo don Florencio Gómez Núñez: “En estas pascuas de Navidad y Año Nuevo, mi más cordial deseo de paz y felicidad. Nicanor Villalta”. Año 1973. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Bien merece este sincero recuerdo sobre su fenomenal carrera taurina el genial matador de toros aragonés Nicanor Villalta, porque representó con su arte, valor, sacrificio y honradez, la verdadera esencia del toreo, en una época histórica fundamental e irrepetible de la Fiesta Brava.

Rafael Dupouy Gómez