sábado, 30 de abril de 2016

PEDRO ARIAS, BANDERILLERO Y FOTÓGRAFO, CELEBRA 88 AÑOS DE VIDA

(Por: Rafael Dupouy Gómez)




El destacado banderillero y fotógrafo venezolano Pedro Arias.
(Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Mi noble y buen amigo Pedro Arias, distinguido banderillero y fotógrafo de larga trayectoria, celebra 88 años de fructífera vida llena de gratísimos recuerdos y anécdotas. Nació en San Fernando de Apure (Venezuela), el 29 de abril de 1928. De pequeña estatura, carácter sencillo, simpático y extrovertido, su nombre aparece en el Tomo número 5 de “Los Toros” de don José María de Cossío en la página 634, en donde se refieren a él como: “Banderillero, que actuaba en los ruedos venezolanos en la década de los sesenta de nuestro siglo. No conozco sus cualidades aunque sé que actuaba en corridas de toros”.

De origen humilde, se trasladó con su familia a los 6 años de edad, de su natal San Fernando de Apure a la ciudad de Maracay (Edo. Aragua). Se crió a dos cuadras del Hotel Jardín.

Con el paso de los años, siendo un adolescente, tuvo la ilusión de mejorar su situación económica y se interesó en aprender una profesión, dedicándose a la fotografía que alternó, paralelamente, con su sueño de hacerse matador de toros. En las mañanas, entrenaba y practicaba en la histórica Plaza de Toros Maestranza de Maracay. Recibió lecciones del maestro Pedro Pineda y el apoyo de sus grandes amigos, los matadores de toros venezolanos Oscar Martínez y Luis Sánchez Olivares el “Diamante Negro” quienes se interesaron en que cumpliera su sueño, ofreciéndole oportunidades.

Oscar Martínez, a quien conoció en la Maestranza de Maracay, siendo también un talentoso fotógrafo, un día lo llevó a la casa de su amigo José María Páez Colmenares, quien se desempeñaba como funcionario de la Circunscripción Militar de Maracay, realizando las fotografías del componente militar en los cuarteles Bolívar, Páez y Sucre. Allí Pedro Arias aprendió como ayudante el oficio de la fotografía, capturando imágenes con una cámara que le regaló Páez Colmenares.   

Cuenta Pedro Arias que el 24 de julio de 1946, se vistió de luces por primera vez y el 22 de mayo de 1949, banderilleó por primera vez a un toro de casta de la ganadería colombiana de Mondoñedo en una corrida celebrada en la Maestranza de Maracay, interviniendo los diestros mexicanos Lorenzo Garza, Luis Castro “El Soldado” y el venezolano Ricardo Martínez como sobresaliente. Garza realizó una magnífica faena a su segundo toro, liquidándolo de una soberbia estocada. Fue ovacionado fuertemente por el público, concediéndosele las dos orejas, el rabo y una pata, que el diestro mexicano rechazó. “El Soldado” también cortó dos orejas y ambos salieron a hombros de la Maestranza de Maracay.    


Pedro Arias ejecutando un par de banderillas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

En Maracay, Pedro Arias trabajó un tiempo cargando unos garrafones enormes y pesados de agua que descargaba en una vecindad. Un amigo suyo al ver el esfuerzo que hacía, le consiguió un trabajó como ayudante de fotografía en una dependencia del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en el área de Malariología, en donde trabajaba como destacado científico el Dr. Juan Crisóstomo “Juancho” Gómez Núñez, hijo del General Juan Vicente Gómez. “Juanchito” era el hermano menor de Juan Vicente y Florencio Gómez Núñez, grandes aficionados e impulsores de la Fiesta Brava en Venezuela.

Pedro Arias tuvo la oportunidad de conocer personalmente en esa dependencia al Dr. “Juancho” Gómez Núñez, quien se mostró muy interesado en apoyar sus aspiraciones en el mundo del toro. Un buen día lo mandó a llamar y le dijo que se fuera a Caracas urgentemente para que firmara un contrato, porque toreaba el domingo y le regaló 20 bolívares de aquella época para su traslado.

“Juancho” Gómez Núñez, le comunicó a Pedro Arias que dijera que venía de parte de su hermano Florencio Gómez Núñez, quien ya había contratado a Luis Miguel Dominguín para que debutara como matador de toros en Venezuela, firmándolo por tres tardes en el Nuevo Circo de Caracas. Siendo mi abuelo Florencio, el empresario de la temporada caraqueña en 1949, encargó de la organización a su compadre José Luis de Benito.

Pedro Arias, llegó a la empresa dispuesto y decidido a firmar el contrato como subalterno en ese cartel de primera. Recordaba Arias que el Dr. Carlos Siso Maury, eminente abogado, le hizo esperar tres horas y no lo atendía. Entonces, se le ocurrió ante la impaciencia, anunciar que venía de parte de mi abuelo Florencio Gómez Núñez, como le había aconsejado en Maracay mi tío “Juancho” y de inmediato le abrieron las puertas, siendo recibido en la oficina.

Le preguntó el Dr. Siso si sabía leer. Que estudiara bien el contrato que iba a firmar. Me contó Pedro Arias que lo leyó rapidísimo como Cantinflas. Arias todavía no tenía traje de luces para la corrida, pero mintió respondiendo afirmativamente, sin tener un centavo para adquirirlo. Luego de marcharse de la oficina, leyó con tranquilidad el contrato que fue por 500 bolívares. De inmediato, se dispuso a visitar a su amigo el “Diamante Negro”, quien muy amablemente, le dijo que escogiera el traje que quisiera. Arias seleccionó un traje de luces que no estaba nuevo, azul celeste y plata que le quedó grande y tuvo que arreglar.

Era la última corrida de la temporada y actuaron, la gran figura del toreo español Luis Miguel Dominguín, el ídolo venezolano Luis Sánchez Olivares el “Diamante Negro” y el valeroso diestro mexicano Antonio Velázquez. Esa extraordinaria corrida fue celebrada, el 11 de diciembre de 1949, siendo considerada como la mejor corrida de toros que se ha presentado en toda la historia del Nuevo Circo de Caracas.

Se jugaron toros de la ganadería colombiana de “Vistahermosa”, que dieron una excelente pelea. Fue una tarde inolvidable, recordaba Pedro Arias, quien banderilleó con bastante habilidad a un toro que había eliminado el quinto burladero del Nuevo Circo de Caracas. El público entusiasmado, no cesó de aplaudir las faenas realizadas por los tres matadores, quienes salieron a hombros por la puerta grande, cortando un total de diez orejas y dos rabos. Luis Miguel estuvo enorme ante su primero al que le cortó las dos orejas con petición de rabo, que la Presidencia se negó a conceder. En su segundo, repitió una faena redonda que fue malograda con la espada, perdiendo los trofeos que tenía asegurados, dando dos vueltas al ruedo recibiendo una fuerte ovación. Antonio Velázquez cortó cuatro orejas y un rabo y el “Diamante Negro” también emuló al mexicano cortando cuatro orejas y un rabo.

Recordaba Pedro Arias que César Díaz Torres, apoderado de Oscar Martínez, de quien fue banderillero, le preguntó si quería ser corresponsal de “La Esfera” en Caracas para cubrir los accidentes de carretera que frecuentemente ocurrían y requerían ser fotografiados.

Pedro Arias acompañando al gran César Girón durante uno de sus triunfos. 
(Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Un día le propusieron trabajar en el diario “El Mundo” en el espacio deportivo. Asistió a los Juegos Panamericanos de Cali (Colombia) en 1971, los Juegos Panamericanos de México en 1975, los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983. Estuvo presente cubriendo la pelea del boxeador venezolano Betulio González en la que conquistó el campeonato mundial, siendo captadas con su cámara las mejores fotos que recorrieron el mundo entero. Las Series del Caribe de Béisbol y los Campeonatos de la Liga de Béisbol Profesional de Venezuela, siempre gozaron del oportuno lente de Pedro Arias, ferviente fanático de los “Tiburones de La Guaira”. Con los jugadores de Béisbol cultivó una fraternal amistad, lo querían mucho y siempre le gastaban bromas. En Maracaibo, estuvo presente en importantes partidos de fútbol internacional. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Deportivo en 1987.  

Dentro de su profesión taurina, lamentó no haber podido llegar a ser matador de toros, sino subalterno. Conoció y tuvo una gran amistad con los hermanos Girón, considerándolos como de su propia familia. Me contó Pedro Arias una anécdota curiosa, poco conocida. Cuando él trabajó en una fábrica de papeles, utilizó parte del material de desecho para confeccionar la improvisada muleta que empleó César Girón, el día que se lanzó al ruedo como espontáneo durante la actuación de los “Chicos de Querétaro” en enero de 1946. Los “Chicos de Querétaro”, era una cuadrilla infantil mexicana, integrada por niños entre diez y doce años de edad que lidiaban becerros de pura casta. César Girón con doce años de edad, demostró al público asistente que él toreaba mucho mejor que los niños aztecas.

Pedro Arias con Manuel Benítez “El Cordobés”. (Cortesía: Pedro Arias).

Se mantuvo como banderillero durante muchos años. A las órdenes del “Diamante Negro”, intervino en varios festejos. Me confesó que nunca pudo banderillear por el lado izquierdo a los toros. Participó eficientemente como subalterno en las célebres novilladas organizadas por el empresario Gregorio Quijano.

Rafael Dupouy Gómez, autor del artículo, en compañía de su gran amigo Pedro Arias. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Me complace resaltar las virtudes de este digno profesional de nuestra Venezuela taurina y de la fotografía en este articulo, felicitándolo en su cumpleaños.

Enhorabuena por ser un gran amigo y una excelente persona.

Rafael Dupouy Gómez

Pueden disfrutar el video de una entrevista a Pedro Arias:



viernes, 15 de abril de 2016

RAFAEL “EL GALLO”: DUENDE Y GENIALIDAD

(Por Rafael Dupouy Gómez)


Rafael Gómez Ortega “El Gallo”, fue un matador de toros único, extraordinario, artista, variado, genial, pero también muy polémico con sus célebres “espantás” que enfadaban tanto al público. Le imprimió a su toreo una gran suavidad y gracia expresiva. Contribuyó en la tauromaquia por su innovador estilo clásico, siendo uno de los diestros que inventó más suertes en la historia del toreo. Lo envolvió siempre el misterio debido a su incomparable personalidad dentro y fuera de los ruedos. Durante sus 34 años como matador de toros, prácticamente alternó con las más importantes figuras de la Edad de Oro, de Plata y de Bronce del toreo. Inspiró a destacados pintores como: Julián Alcaraz, Carlos Ruano Llopis, Roberto Domingo, Adolfo Durá, Martínez de León, Daniel Vázquez Díaz y el mexicano “Pancho” Flores, entre otros. Francisco Narbona escribió una interesante obra sobre su vida titulada: “Rafael “El Gallo”. Vida ajetreada y muchas fantasías del Divino Calvo”.

Señaló en una oportunidad el maestro Ignacio Sánchez Mejías sobre su cuñado Rafael Gómez “El Gallo” que si hubiera dominado a los toros poderosos, sólo él existiría en la historia, porque a todos superó en arte, y a su juicio en valor, porque cuando se inspiraba se olvidaba que existía el riesgo y el peligro. Nació en Madrid, el 18 de julio de 1882, aunque en su lápida aparece inscrito como el día de su nacimiento el 16 de julio. Desde niño, por su ascendencia paterna, siempre se consideró sevillano, aprendiendo de su padre, Fernando Gómez “El Gallo”, desde muy temprana edad, el arte de torear en su casa de Gelves en donde practicaba el toreo en un corralón que tenía la familia.

El 7 de marzo de 1897, en el suplemento taurino semanal madrileño “El Enano”, del director D. Ángel R. Chaves, apareció publicado un artículo titulado “De Tal Palo tal Astilla”, en donde Fernando “El Gallo” se expresaba de su hijo Rafael con estas palabras: “Tengo un chavá que ze empeña en zer torero, y yo no zé aonde podrá llegá zi no les coje mieo á loz pitone, porque le azeguro á osté, por mi vía, que er niño torea mas que yo”.

Estando muy enfermo, su moribundo padre, solicitó a una de sus hijas que le trajera un papel y una pluma para escribirle (casi inteligible) a su compadre el torero “Guerrita” lo siguiente: “A mi compadre “Guerrita: En la hora de mi muerte le pido que no deje sin pan a mis hijos. Se lo pide moribundo su compadre, Gallito”.

Al morir su padre, el célebre torero Fernando Gómez “El Gallo”, el 2 agosto de 1897, su hijo mayor Rafael, tuvo que venir desde Valladolid donde toreaba para estar presente en su funeral. Lo enterraron en la mañana del 4 de agosto de 1897. Su entierro fue multitudinario y asistieron los diestros: Antonio Fuentes, “Algabeño”, “Bonarillo”, “Pulguita” y “Vaquerito” chicos, Tenreyro y muchos ganaderos. Luego de ser llevado a hombros por las calles de Sevilla, fue enterrado en el cementerio de San Fernando en Sevilla.

Ese año, Rafael Gómez “El Gallo” capitaneó una cuadrilla de niños sevillanos y cordobeses toreros entre los que figuraron Rafael González “Machaquito” y Manuel Molina “Algabeño Chico”, quienes se presentaron por diversas ciudades y pueblos de España con bastante éxito. El 15 de mayo de 1899, Día de San Isidro, debutaron en Madrid los novilleros, Rafael Gómez “Gallito” y Manuel Molina “Algabeño chico”, ante seis toros de desecho del duque de Veragua.

Siendo novillero en 1902 lo metieron preso en Zaragoza, por estimar las autoridades que había provocado, por su pavor, una alteración del orden público. En la cárcel lo visitaron varios empresarios para contratarlo. Grandiosos fueron sus éxitos y también sus fracasos.

Rafael “El Gallo”, tomó la alternativa en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, el 28 de septiembre de 1902, de manos de Emilio Torres “Bombita”, siendo testigo de la ceremonia Ricardo Torres “Bombita Chico”, ante reses de don Carlos de Otaolarruchi, de Sanlúcar de Barrameda. “El Gallo”, demostró sus cualidades de artista y buen banderillero. Mató de pinchazo y buena estocada, siendo muy ovacionado en el toro de su alternativa.

Debutó en la plaza de toros “México”, el 7 de diciembre de 1902, alternando con “Algabeño”, ante reses de Piedras Negras. El quinto toro de la tarde, le propinó una grave cornada en la boca, quedándole una cicatriz, como recuerdo, para toda su vida.

El 22 de marzo de 1903, en Castellón de la Plana, toreó Rafael Gómez “El Gallo” un mano a mano con Antonio Fuentes, fue una corrida memorable, los diestros estuvieron muy bien y los aficionados presentes nunca olvidaron esas faenas.

Su confirmación de alternativa fue en Madrid, el 20 de marzo de 1904, de manos de Rafael Molina Martínez “Lagartijo Chico”, estoqueando mano a mano, seis toros de Veragua. El toro de su confirmación se llamó “Barbero”, de pelo negro, meano. En sus tres toros estuvo muy bien, pero no tuvo fortuna al ejecutar la suerte suprema.

En 1907, “El Gallo” toreó, únicamente, seis corridas de toros en todo el año, las tres últimas actuaciones en Madrid, el 8 de septiembre, 24 y 27 de octubre, pero fueron tan triunfales y significativas, que firmó numerosos contratos para la temporada de 1908. ¡Fue su resurrección taurina! El 8 de septiembre de 1907, alternó con Vicente Pastor quien le otorgó la alternativa a “Corchaíto” con ganado de Carvajal; el 24 de octubre, compartió cartel con “Bombita Chico” y “Relampaguito”, ante toros de Gama; y el 27 de octubre alternó en compañía de Antonio Fuentes y “Bombita Chico”, lidiando reses de Guadalest.

La temporada de 1908-1909 en la plaza de toros de “El Toreo” en México, D.F., fue escenario de una campaña inolvidable para los aficionados mexicanos, presenciando la rivalidad que dieron, en varias tardes, los diestros Rafael Gómez “El Gallo” y Manuel Mejías Rapela “Bienvenida” (El Papa Negro). El 6 de diciembre de 1908, en la plaza de “El Toreo” en México D.F., se presentó un mano a mano entre los diestros “El Gallo” y “Bienvenida” siendo una corrida inolvidable llena de arte y mucha gracia. Las reses pertenecieron a la temible ganadería mexicana de “Piedras Negras”. “El Gallo” al quinto toro de la tarde, le realizó un toreo exquisito de capa, mostrando su alegría al banderillear. Realizó una magnífica faena con la muleta que culminó de una gran estocada recibiendo. Fue premiado con una oreja, siendo considerada como la mejor actuación de “El Gallo” en tierras aztecas.

Como dato curioso, la primera alternativa otorgada a un diestro español en la plaza de “El Toreo” en México, D.F., fue la que le concedió Rafael Gómez “El Gallo” a su hermano Fernando Gómez “Gallito”, la tarde del 14 de febrero de 1909, al cederle el toro de nombre “Inglés”, de la ganadería mexicana de “Piedras Negras”. El testigo de la ceremonia fue Rodolfo Gaona.

El 20 de febrero de 1911, Rafael Gómez “El Gallo” se casó con Pastora Imperio, considerada como la más célebre y famosa bailaora española de su tiempo, en la madrileña iglesia de San Sebastián, la misma que vio bautizar a Rafael a finales del siglo XIX. Su vida conyugal fue tormentosa. Siempre los envolvió un manto de misterio que era imposible descifrar. A los once meses se separaron por incompatibilidad de caracteres. Pastora Rojas Monje, era su verdadero nombre, adoptando luego el artístico de Pastora Imperio, gracias a la ingeniosa impresión que le causó a don Jacinto Benavente al verla bailar expresando: “¡Esta Pastora vale un  imperio!”. El padre de Pastora fue Víctor Rojas un sastre de toreros y su madre la destacada bailaora gaditana Rosario Monje conocida como “La Mejorana”. La popular figura de Pastora Imperio fue inspiración para los intelectuales y artistas de la época. El pintor Julio Romero de Torres la inmortalizó en una de sus obras en 1913. El gran Mariano Benlliure la tomó como modelo para una de sus esculturas. Participó en varias películas cinematográficas entre los años 1914 y 1959. Una de las más destacadas fue “El amor brujo” con música compuesta para ella por Manuel de Falla en 1915. Hizo Teatro y se retiró definitivamente en 1959, fundando con su yerno Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” el tablao “El Duende” en Madrid.

Durante la temporada de 1912, Rafael Gómez “El Gallo” triunfó en dos de las tres presentaciones que realizó en Madrid. El 2 de mayo toreó con Vicente Pastor y Rodolfo Gaona, ante toros de Bañuelos. “El Gallo” no había estado bien ante su primero, pero a su segundo de nombre “Peluquero”, le realizó una artística y magnífica faena que culminó de una gran estocada. Le concedieron una merecida oreja, la primera que cortaba en esa plaza tan exigente y difícil para los toreros en esos años. El 12 de mayo “El Gallo” regresó a Madrid pero tuvo una tarde fatal; le devolvieron su primer toro a los corrales y a su segundo, lo mató de mala manera. Toreó nuevamente con Ricardo Torres “Bombita” y Vicente Pastor, el día 15 de mayo, ante un público hostil. Al sexto toro de la tarde, de nombre “Jerezano” de la ganadería de Aleas, “El Gallo” le realizó una completa y artística faena que le valió su recuerdo en la historia. Fue considerada como una de las mejores faenas del siglo XX.

El 28 de septiembre de 1912, celebrando “El Gallo” el décimo aniversario de su ascenso como matador de toros, le concedió la alternativa a su hermano “Joselito”, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, ante reses de Moreno Santamaría. El toro de la alternativa se llamó “Caballero”. “Joselito” escribió, a partir de ese momento, grandes tardes como primerísima figura del toreo.

En 1913, a Rafael Gómez “El Gallo” le tomaron una fotografía con el mundialmente célebre barítono italiano Titta Ruffo. En 1914, recibió la compañía de su fraternal amigo Juan Belmonte en su habitación del Hotel Reina Cristina de Algeciras, luego de la gravísima cornada que le infirió el toro “Cumbrero” de la ganadería de Moreno Santamaría. Esa entrañable amistad duraría toda su vida. 

El 20 de abril de 1915, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Rafael Gómez “El Gallo” realizó una brillantísima faena a su tercer toro, de la ganadería de Salas. Alternó esa tarde con Francisco Posadas. “El Gallo” tras magnífico recibimiento de capa y magistral tercio de banderillas, le brindó la muerte de su toro a la famosa actriz de teatro, doña María Guerrero. “El Gallo” pidió una silla y sentado en ella, resultando una suerte desconocida para el público, ejecutó sus primeros pases ante el delirio de los presentes. Fue una faena llena de arte y valor que culminó con un sensacional volapié, que le valió le concedieran las dos orejas del toro, recibiendo una atronadora ovación por parte de la afición sevillana. 


A la izquierda: Rafael Gómez “El Gallo”, besa a su hermano “Joselito”, concediéndole la alternativa, el 28 de septiembre de 1912 en la Maestranza de Sevilla. A la derecha: El “Divino Calvo” realizando una de sus características suertes. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 17 de mayo de 1916, se celebró en Madrid, la Corrida de Beneficencia, en la que actuaron los diestros Rafael Gómez “El Gallo”, el mexicano Rodolfo Gaona, José Gómez Ortega “Joselito” y Juan Belmonte, ante ocho toros de Saltillo. “El Gallo” fue aplaudido, pero su compañero Belmonte estuvo mejor esa tarde, escuchando una portentosa ovación. El 3 de julio de 1916, en la Plaza de la Corte, se celebró una corrida a beneficio de la Asociación de la Prensa. Los diestros que alternaron esa tarde fueron Rafael Gómez “El Gallo”, el mexicano Rodolfo Gaona, José Gómez Ortega “Gallito” y Juan Belmonte. En esa corrida “El Gallo” triunfó, al cortarle una oreja a su primer toro de Veragua. El 30 de septiembre de 1916, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, ante reses de Gamero Cívico, alternando con su hermano “Joselito” y Julián Sáinz “Saleri II”, conquistó Rafael Gómez “El Gallo” las dos primeras orejas de un mismo toro, concedidas en esa plaza.

El 21 de julio de 1918, en la plaza de toros de Valencia (España), en corrida que se anunciaba como de la despedida de Rafael Gómez “El Gallo” del toreo, tuvo una extraordinaria tarde, pues cortó las orejas a sus dos toros en medio de estruendosas ovaciones. En Zaragoza y en la misma Valencia obtuvo, posteriormente, otros éxitos importantes. El 10 de octubre de 1918, “El Gallo” anunció su primera retirada de los ruedos en la plaza de toros de Madrid. Vistió un terno “grana y oro”. Estuvo muy bien ante un manso de la ganadería de don Juan Contreras, de nombre “Carretero” siendo muy ovacionado. Alternó con su hermano “Joselito”, “Limeño” y “Camará”. Aunque para la temporada de 1919 continuó toreando. La retirada de “El Gallo” fue considerada más larga que la de Antonio Fuentes, que ya era famosa; porque él llevaba cinco años despidiéndose de los ruedos y todavía toreaba.

El 29 de septiembre de 1920, en la plaza de toros Monumental de Sevilla, ante toros de la ganadería de Pérez de la Concha, “El Gallo” fue el triunfador de la tarde, al cortar dos orejas. Alternó con los diestros Manolo Belmonte, Manuel Jiménez “Chicuelo” y Manuel Granero. El 20 de abril de 1921, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, ante toros de Guadalest, “El Gallo” obtuvo otro resonante triunfo al cortar dos orejas. Alternó con Manolo Belmonte y Manuel Granero. El 22 de abril de 1921, en la Maestranza de Sevilla, ante toros del Conde de Federico, “El Gallo” volvió a triunfar al cortar dos orejas. Alternó con “Alcalareño”, Manuel Jiménez “Chicuelo” y Manuel Granero.

El 7 de enero de 1923, la plaza de toros de El Toreo en México D.F., fue escenario de una corrida memorable, en donde ocurrió un tercio de banderillas histórico. Ante su segundo toro, cuarto de la tarde, “El Gallo” invitó a banderillear a los diestros Rodolfo Gaona y Manuel García “Maera” quienes colocaron en conjunto tres pares fenomenales. Luego, en el quinto toro de la corrida, Gaona invitó a los alternantes, repitiendo un brillante tercio de banderillas. “El Gallo” clavó excelente par al cuarteo; “Maera” puso un excelente par de frente y Gaona un par colosal cerrado en tablas. Los tres recibieron una fuerte ovación. Las reses pertenecieron a la ganadería mexicana de Atenco. Rodolfo Gaona y “Maera” fueron los triunfadores al cortar las dos orejas y rabo a uno de sus toros.

RAFAEL GÓMEZ “EL GALLO” EN VENEZUELA

Rafael Gómez Ortega “El Gallo”, se presentó en Venezuela en el Nuevo Circo de Caracas, la plaza de toros Arenas de Valencia y en el Circo Metropolitano de Caracas. Alternó con los diestros: Manuel Álvarez “Andaluz”, Ángel Fernández “Angelete”, Trini Pérez “Machaquito de Sevilla”, Julián Sáinz “Saleri II”, Manolo Bienvenida, José Sánchez “Hipólito”, Bernardo Muñoz “Carnicerito de Málaga” y los venezolanos Eleazar Sananes “Rubito” y Julio Mendoza Palma “Niño II”. Actuó también con los sobresalientes: Rafael Ortega “Cuco” y Juan Ferrer. Toreó “El Gallo” en Venezuela un total de trece corridas y un festival benéfico.

Debutó el 5 de marzo de 1922, en la plaza de toros del Nuevo Circo de Caracas (Venezuela), toreando un mano a mano con Manuel Álvarez “Andaluz”, lidiando reses criollas de Gorrín.

Curiosa caricatura de “El Gallo” sobre el Nuevo Circo de Caracas (Venezuela) y durante una de sus actuaciones en el coso caraqueño en 1922. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El domingo 12 de marzo de 1922, en el Nuevo Circo de Caracas, alternando con Ángel Fernández “Angelete”, “El Gallo” tuvo una tarde de inspiración, realizando grandes y variadas faenas, especialmente a su segundo toro, al que le cortó una oreja. El público asistente con delirante entusiasmo le ovacionó fuertemente, siendo el triunfador de la tarde. El 9 de abril de 1922, en el Circo Metropolitano de Caracas, “El Gallo estuvo fatal. Sus célebres “espantás” fueron de escándalo. Se lidiaron ocho toros de Gorrín y compartió cartel con los diestros: Ángel Fernández “Angelete”, Trini Pérez “Machaquito de Sevilla” y el venezolano Julio Mendoza “Niño II”.

Mi abuelo, Florencio Gómez Núñez, siempre lo recordaba con cariño, señalando: “Con Rafael Gómez Ortega “El Gallo” tuve muchísima amistad, porque “El Gallo” pasó como dos años viviendo en Turmero, en la hacienda “La Providencia”. El se quedó mucho tiempo en Venezuela acompañando a don Raimundo Fonseca, probando y viendo cómo podía formar una ganadería de casta en el país. “El Gallo”, le había regalado dos toros de Veragua de nombres “Pucherero” y “Peonio” para fundar la ganadería de “La Providencia”, que luego adquirió mi hermano José Vicente Gómez y posteriormente nosotros, los hermanos Gómez Núñez, para refrescar su sangre con nuevos sementales.

Rafael Gómez “El Gallo” cuando se confiaba con un toro era un torero excepcional, con una gracia, un temperamento, una finura y además él se ponía más cerca que nadie, cosa que era muy difícil porque ocurría en pocas ocasiones. Fue un gran matador de toros, pero bastante supersticioso. Cuando no veía claro al toro, se tiraba de cabeza al callejón, de allí sus célebres “espantás”. Lo metían muchas veces preso para salvarlo de la ira del público, porque “El Gallo” era sumamente descarado. Como persona era muy gracioso, sumamente vivo, un hombre bastante agradable y que hablaba sabroso de toros.

Yo tuve la oportunidad de verle torear muchas veces. Recuerdo una tarde en el Circo Metropolitano de Caracas, el domingo 3 de febrero del año 1924, con toros de la ganadería de Porfirio Torres “El Mejicano”. “El Gallo” estuvo fenomenal, fue una corrida memorable para los aficionados caraqueños. Realizó faenas de asombro, banderilleó estupendamente y mató con arrojo y decisión. Por su brillante actuación, le concedieron tres orejas y un rabo, siendo paseado a hombros por las calles de Caracas. Conservo una crónica muy interesante de Henrique Chaumer “El Marqués de los Morrillos”, que relata la histórica presentación del “Divino Calvo”:

GRAN CORRIDA DE RAFAEL GÓMEZ “EL GALLO” EN CARACAS

Por: Henrique Chaumer “El Marqués de los Morrillos”

Anuncio de la presentación de Rafael “El Gallo” y Julián Sáinz Saleri II, el 3 de febrero de 1924 en el Circo Metropolitano de Caracas, Venezuela. (Archivo Hnos. Dupouy Gómez).

“La tarde del domingo 3 de febrero de 1924, será inolvidable para la afición caraqueña, como que marcará época en los anales taurinos de Venezuela. Dos grandes figuras del toreo, dos de los que han fatigado a la gloria con sus triunfos, celebraron una sesión de arte para deleite de los que aman esa emoción deliciosa, esa fruición especialísima que produce la estética en cualquiera de sus manifestaciones. Desde que al aparecer el primer toro vimos que Rafael “El Gallo” no dejó que se lo corrieran y se fue a él, decidido, dijimos: éste arma la escandalera padre; y así fue. ¡Qué verónica de rodillas, qué faroles, reboleras y verónicas! Luego con la pañosa, que serenidad, cuanto arte, dominio, valentía; y por si fuera poco se arrancó bien en los tres pinchazos que dio. El concurso aplaude entusiasmado y el circo se estremece como si lo sacudiera un temblor. Ha empezado una gran tarde.

En su segundo, “El Gallo” da una serie de verónicas que son una verdadera lección de cómo se ejecuta esta suerte, hoy tan mixtificada. Aguanta, templa y manda con una suavidad, con una naturalidad pasmosa; da la sensación de que estuviera en una academia ante un toro de paja. ¡Qué distintas éstas a las que vemos en la mayor parte de las corridas!

Con la muleta hace a este toro una faena magistral en que sobresalen unos ayudados por alto con los pinreles atornillados en el suelo; cinco cambiándose el pañuelo por la espalda, unos de pecho que liga con otros tantos naturales, majestuosos, imponentes y aderezando la faena con esa solera torera que nadie, absolutamente nadie, puede imitar; continúa el curso taurino en medio de la música y la frenética ovación que no se ha interrumpido desde que abrió la franela. Ha hecho esta faenaza en un palmo de terreno, dominando, mandando y para coronar labor tan maravillosa, logra una gran estocada que pone a rodar al toro como una pelota. Orejas, rabo, vueltas al anillo devolviendo miles de estaches.

Hay que hacer constar que cuando “El Gallo” se perfiló para entrar a matar, el público le pidió que siguiera toreando, y es que son contadas las veces que disfrutamos de canela tan fina como ésa. Los que vemos de toros, echamos de menos, constantemente, el toreo verdad, ese toreo artístico sin trucos, sin ventajas ni contorsiones; por eso nos entusiasmamos con Bienvenida el 2 de septiembre y el día de su beneficio; por eso aplaudimos a Carnicerito sus emocionantes faenas de muleta y sus enormes estocadas; por eso nos electriza Rafael Gómez, “El Gallo”, con las filigranas de su capote y las pinturerías de su mágica muleta.

En su tercero estuvo ¿quién lo duda? Temerario, pues citar sentado en una silla, para torear de muleta, y avanzar a medida que el toro retrocede, hasta meterse en los terrenos del enemigo, es sencillamente una temeridad. Como el morucho no atendía, se puso de pie y volvió a poner cátedra de toreo, con pases por alto con la derecha, sacando la franela por la penca del rabo; unos naturales, doblando la cintura, pasándose todo el toro, ligando, quieto, erguido, dominador, con los pies completamente juntos y sin perder ni un centímetro de terreno. Se arranca en corto y mete una de efecto fulminante. La ovación es inenarrable; algunos, entre ellos el suscrito, se quedan afónicos a fuerza de aclamarle. Sale varias veces a los medios ante la insistencia del soberano, cada vez más entusiasmado.

Puso dos pares de trapecio, uno al segundo y otro al sexto, que fueron un portento de ejecución y unas joyas como colocación. Como se ve, “El Gallo” se ha mostrado en toda su grandeza como torero, banderillero y matador. La afición desea ver a “El Gallo” alternando con Bienvenida. Don Manolo es el único que puede presentar pelea al hombre del ki-ki-ri-quí, pues los demás tienen un estilo muy diferente”.

“El Marqués de los Morrillos”. Caracas, 7 de febrero de 1924.

El anuncio de la despedida de “El Gallo” en Venezuela, el 8 de junio de 1924, fue acompañado por unas hermosas palabras suyas dirigidas al público caraqueño en donde expresó:

“Próxima ya mi partida para España, no quiero que esta sea únicamente dar mi adiós al público de Caracas, a este público al que debo tanto agradecimiento y del que me llevo un recuerdo gratísimo, que nunca se borrará de mi memoria, porque ha tenido la más entusiasta de las acogidas para mi labor en las tardes de éxito y la más grande de las benevolencias en las tardes en que, con mi más profundo pesar no me acompañó la fortuna.

Para decir “adiós” a este público, al que tanto quiero porque tanto debo, he decidido organizar mi corrida despedida retirada del toreo en Caracas, para el Domingo, 8 de junio de 1924. En la organización de esta corrida he puesto de mi parte cuanto ha estado en mi mano, para que de ella pueda guardar el público caraqueño el mismo grato recuerdo que yo en mi corazón me llevo de él.

Con este fin he escogido un encierro de toros de “El Mejicano”, de los mismos con que el día 3 de febrero tuve la satisfacción de lograr escuchar de este público unas de las más grandes ovaciones de mi vida torera. A ver si esta mi última definitiva corrida en esta hospitalaria ciudad, logro con estos otros toros de “El Mejicano” darme la satisfacción de que la fecha de mi retirada en ésta quede señalada en la memoria de los aficionados como una gran tarde de toros.

A los que me honren con su presencia por anticipado les doy las gracias. Y a esos y a todo el público caraqueño, al decirles “adiós”, les repito, que la cariñosa acogida y las deferencias que por parte de todos he recibido como particular y el entusiasmo que despertó mi trabajo, revelado en ovaciones y en manifestaciones de simpatía, de las que aún guardo en el fondo de mi pecho la emoción, han despertado en mí un fervoroso agradecimiento para este amable y hospitalario pueblo caraqueño, cuyo recuerdo no se borrará mientras viva en la memoria de”:

Rafael Gómez “El Gallo”. Caracas, Junio de 1924.


Mi abuelo Florencio Gómez Núñez, fue invitado a esa corrida por el propio Rafael Gómez “El Gallo” quien, muy gentilmente, le mandó unas entradas de palco para verle en su despedida de Caracas (Venezuela). Mi abuelo, conservó el programa original que venía acompañado con las entradas y unas palabras impresas de “El Gallo” que decían textualmente:

“Para despedirme de esta hidalga tierra, de donde me llevo tan gratos recuerdos, he organizado una corrida en la cual me propongo ofrecer lo mejor del arte al cual he consagrado mi vida. Siento especial complacencia en invitarlo a Ud. y a su honorable familia a esta fiesta, en la seguridad de que habré de proporcionarles una tarde de emociones artísticas. Me tomo la libertad de adjuntarle un palco, en la seguridad de que Ud. no me desairará”.

Soy de Ud. atto. s. s. q. b. s. m.,

Rafael Gómez “El Gallo”

Con gran expectativa, el domingo 8 de junio de 1924, en el Circo Metropolitano de Caracas, se realizó la corrida de beneficio, despedida y retirada de “El Gallo” en Caracas, actuando en un mano a mano con el venezolano Julio Mendoza “Niño II”. Por especial deferencia a “El Gallo” esa tarde, hicieron el despejo de la plaza la tonadillera Lydia Ferreira “La Lusitana”, Paquita Escribano y Conchita Piquer, montadas en briosos caballos, vestidas a la usanza andaluza y pidieron la llave, como es costumbre en las grandes corridas Reales en Madrid. Las damas y los niños pagaron la mitad de precio en los Tendidos y una vez agotados los Palcos, se vendieron los Pasillos. “El Gallo” y Mendoza estuvieron bien, brindado todo su arte y torería a la afición.

Sin embargo, luego de su despedida en el Circo Metropolitano de Caracas, Rafael Gómez “El Gallo”, se presentó el domingo 22 de junio de 1924, en el Nuevo Circo de Caracas, compartiendo cartel con los venezolanos Eleazar Sananes “Rubito” y Julio Mendoza “Niño II”, quien fue el triunfador al cortar una oreja a su primero, escuchando fuertes ovaciones. El toro se lo brindó Julio Mendoza “Niño II” a don Henrique Chaumer “El Marqués de los Morrillos”, decano de los críticos taurinos de Venezuela. El público resultó escaso debido a la amenaza de lluvia en la capital. Esa fue la última corrida en la que actuó Rafael Gómez “El Gallo” en ruedos venezolanos.

El año de 1926 reapareció en España, luego de cuatro años de ausencia, que aprovechó toreando en América. El 27 de junio de 1927, en la plaza de toros de Madrid, se celebró la corrida de despedida del diestro “Regaterín”. Esa tarde, “El Gallo” cortó una oreja a su segundo toro, cuarto de la tarde. Alternó con “Regaterín” y Juan Belmonte quien también cortó una oreja de su segundo astado, último de la corrida. Esa fue la segunda vez que en una misma tarde se concedieron dos orejas en la plaza madrileña.

El 28 de septiembre de 1927, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, con motivo de la celebración de los 25 años de su alternativa, se presentó “El Gallo” con Manuel Jiménez “Chicuelo” y “Gitanillo de Triana”, ante reses de Moreno Santamaría. El “Divino Calvo” brindó la muerte de su primer toro a Emilio Torres “Bombita”, quien había sido su padrino de alternativa, el 28 de septiembre de 1902, haciéndole bajar al ruedo para abrazarle en el momento del brindis junto a la barrera. “El Gallo” estuvo muy bien durante su faena, concediéndosele una merecida oreja. Después de “Lagartijo” y “Frascuelo”, Rafael Gómez “El Gallo”, se convirtió en el único torero que, conservando su rango, celebró sus 25 años como matador de toros.

En 1934, reapareció “El Gallo” en España, después de una ausencia que duró cinco años. El 19 de abril de 1934, obtuvo otro importante triunfo, en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, al cortarle las dos orejas y el rabo a un toro de la ganadería de Torre Abad, que le había brindado a su entrañable amigo Juan Belmonte. Alternó esa tarde con Joaquín Rodríguez “Cagancho”, Domingo Ortega y Diego de los Reyes.

“El Gallo”, fue una de las figuras del toreo que concedió mayor número de alternativas (19) y confirmaciones (11), entre sus más destacados doctorados podemos señalar el de José Morales “Ostioncito” (1910), el de su querido hermano José Gómez Ortega “Joselito” (1912), José Hernández “Limeño” (1913), “Alcalareño” (1914), Diego Mazquiarán “Fortuna” (1916), la confirmación del mexicano Juan Silveti (1917), la alternativa de Bernardo Muñoz “Carnicerito de Málaga” (1920), Manuel Granero (1920), la confirmación de Manuel Jiménez “Chicuelo” (1920), la alternativa de Manuel García “Maera” (1921), José García “Algabeño”, hijo (1923), Antonio Posadas (1923), Joaquín Rodríguez “Cagancho” (1927), Francisco Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana” (1927), el mexicano Luis Castro “El Soldado” (1935), la confirmación de Félix Colomo (1935) y la última alternativa concedida por “El Gallo” en Valencia (España) que fue la del tío abuelo del maestro Enrique Ponce, Rafael Ponce “Rafaelillo”, el 6 de octubre de 1935.
    
Rafael Gómez “El Gallo” fue todo un personaje lleno de fantasías e historias. Con sus supersticiones le tomó idea a su esposa, la famosa bailaora española Pastora Imperio. De su mujer, “El Gallo” decía: “Es que ella me tiene embrujao”. Dicen que “El Gallo”, en una de esas tardes infames de sus célebres “espantás”, se negó a matar un toro alegando que había visto en sus ojos los de la Pastora Imperio. Ella, por su parte, se dedicó a su familia y su trabajo. Mi abuelo Florencio Gómez Núñez, recordaba:

“Tuve la ocasión en España de conocer personalmente a Pastora Imperio en mayo de 1936, cuando acudí junto con mi hermano Juan Vicente a uno de sus recitales invitado por mi amigo, el gran recitador español José González Marín, quien también actuó con ella. Al finalizar el espectáculo, durante una reunión privada, González Marín me presentó, ese mismo día, al célebre poeta y dramaturgo español, Federico García Lorca. Posteriormente, en el año 1962, nos volvimos a encontrar con Pastora Imperio en “El Duende”, el famoso tablao madrileño que administraba con su yerno Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”. Por cierto, el joven matador de toros venezolano Héctor Álvarez, se casó con una nieta de Pastora Imperio. Lamentablemente él falleció después en un accidente de tránsito en compañía de su suegro “Gitanillo de Triana”. En “El Duende” acudí acompañado por mi hermano Juan Vicente y mi sobrina Josefina Gómez Revenga, gran fotógrafa, la primera y única venezolana ganadora del Premio Nacional de Fotografía en mi país en 1992, además de ser la creadora de la importante Fundación “Fina Gómez” dedicada a promocionar, otorgar becas y ayudar a muchos artistas venezolanos”.


Florencio Gómez Núñez, la célebre bailaora Pastora Imperio, Juan Vicente Gómez Núñez y Fina Gómez, compartiendo amena tertulia en el tablao “El Duende” de Madrid. Año 1962. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El 28 de octubre de 1952, fueron celebrados los 50 años de alternativa de Rafael Gómez “El Gallo”, programándose diferentes actos en Sevilla. “El Gallo” bajó al ruedo y se abrazó afectuosamente con su gran amigo Juan Belmonte, quien mucho le ayudó en sus dificultades económicas.

En 1955, “El Gallo” participó en una escena de la película “Historias de la Radio”, siendo presentado por el gran actor español Paco Rabal, el popular “Juncal” de la serie taurina, quien lo entrevistó brevemente sobre su carrera. El “Divino Calvo”, señaló que durante sus años como matador de toros, compartió cartel con varias generaciones de toreros. Admiró y quiso mucho a “Manolete”. Había recibido 14 cornadas, 2 de ellas muy graves y sobre sus famosas “espantás”, expresó: “Ocurren cuando no se puede con el toro y tiene uno que hacer unas cosas feas delante del toro”.

El 20 de octubre de 1957, se realizó un emotivo festival como homenaje a “El Gallo”, organizado por el diario ABC en la Monumental de Las Ventas de Madrid, actuaron: Luis Fuentes Bejarano, Domingo Ortega, “Gitanillo de Triana”, el venezolano César Girón, Pedro Martínez “Pedrés” y Rafael Jiménez “Chicuelo” (hijo de Manuel). Acompañaron a “El Gallo” Vicente Pastor y Manuel Mejías Rapela “Bienvenida”, el “Papa Negro”, durante el paseíllo. Antonio Márquez el “Belmonte Rubio”, presenció el festival desde un burladero del callejón, mientras que el homenajeado Rafael “El Gallo” disfrutó el festival en compañía del “Papa Negro” y las guapísimas Conchita Bautista, Carmen Sevilla, Lola Flores y Paquita Rico que fueron ataviadas con sus mantillas. “El Gallo” recibió innumerables muestras de cariño y regalos, entre ellos, cantidades de puros que le arrojaron sus admiradores y que fueron recolectados en un capote.

Rafael Gómez Ortega “El Gallo”, toreó en Sevilla un total de 82 corridas, 6 novilladas picadas y 2 festivales. En su larga carrera como matador de toros, sin incluir sus estadísticas en América, toreó entre España, Portugal y Francia 774 corridas y dio muerte a 1.875 toros. Sus percances más graves fueron: el 7 de diciembre de 1902 en México, donde sufrió una herida en la boca y fosas nasales y el 14 de junio de 1914 en Algeciras, donde un toro de Moreno Santamaría le infirió una cornada en el pecho. Curiosamente, “El Gallo” llevaba consigo una medalla puesta que le había regalado en un brindis, S.M. la Reina doña Victoria, que resultó doblada por el astado. Había alternado esa tarde con su hermano “Joselito” y “Morenito de Algeciras”.

Rafael “El Gallo”, se despidió definitivamente de los ruedos como matador de toros en Barcelona (España) el 4 de octubre de 1936. Se presentó, posteriormente, para torear algunos festivales benéficos en la década de 1940’s. Fue un gran conocedor de la fiesta, demostrando en las tertulias a las que acudía, frecuentemente, como en “Los Corales”, su profunda sabiduría y gracia gitana a la hora de expresarse, ya que guardaba en su memoria innumerables vivencias. Falleció en Sevilla, el 25 de mayo de 1960, siendo enterrado en el cementerio de San Fernando de Sevilla, junto a su madre doña Gabriela Ortega, su hermano “Joselito” y su cuñado Ignacio Sánchez Mejías. Yo tuve la oportunidad de visitar su tumba en el año 2011 y confieso que me llenó de emoción por lo que significó como figura del toreo. En ese instante recordé las anécdotas y referencias que mi querido abuelo Florencio nos narró sobre Rafael Gómez “El Gallo”. Definitivamente, una auténtica leyenda que bien merece este recuerdo. 


Rafael Dupouy Gómez